Te odio.

Cada mañana, cuando despierto, existen dos opciones: recuerdo o no mi sueño. Si es que lo recuerdo te odio demasiado, porque solía contarte esas cosas. Si fue un buen sueño te odio porque no estás ahí para agregar cosas que hubieran sido mejor. Si fue un mal sueño te odio mucho más porque no estás ahí para reconfortarme, para decir que me cuidabas, para hacerme sentir protegida, para prometer que tú lucharías contra todo, por mí. Pero si no recuerdo mi sueño ¡maldita sea, te odio tanto! ¿con quien voy a inventar sueños, historias, vidas?

Te odio durante el día cuando algo me recuerda a ti. Todo el maldito tiempo.

Te odio cada vez que te escribo, te odio porque no estás leyéndolo, te odio porque te escribo en donde no vas a enterarte, te odio porque ya no puedo decirte las cosas a ti.

Te odio cada vez que leo y por cualquier estúpida razón me acuerdo de ti, y pareciera que me acuerdo de ti con cada letra, con cada punto, con cada coma, con cada acento.

Te odio cuando como o cuando no lo hago.

Te odio cuando alguien dice algo y me acuerdo de otra cosa que dijiste tú.

Te odio cuando mi madre pregunta por qué no tengo novio. Te odio porque tú no lo eres. Te odio porque por tu culpa no quiero uno. Te odio porque no tiene sentido si no eres tú. Te odio porque no quiero otros labios que los tuyos. Te odio porque sólo los probé una vez.

Te odio cuando alguien me cuenta de sus cosas de amor y yo no puedo sentirme bien por ellos, porque si estuvieras “aquí” no me ardería ver el amor de los demás. Te odio porque me haces envidiosa.

Te odio porque estás a la vuelta de cada esquina, y odio la ironía de que nunca estuviste aquí conmigo como para que te encuentre por todos lados.

Te odio cuando todos evitan nombrarte para no lastimarme porque eso me hiere.

Te odio porque cada vez que me preguntan si tengo novio, pienso en ti y en ese “crash” de mi corazón que imagino en mi cabeza cuando tengo que recordarme a mí misma que no. No tengo, no eres tú.

Te odio porque incluso las personas que acabo de conocer ya saben de ti. Te odio porque me es imposible no nombrarte. Te odio porque estás en muchos “una vez me dijeron”, “alguien me dijo”, porque al final del día todo tiene que ver contigo.

Te odio cuando fumo porque ahora incluso eso me sabe a ti. Sonrío con amargura cada vez que inhalo y pienso lo enojado que estarías si me estuvieras viendo. y después pienso que no te importaría, que te daría completamente igual.

Te odio porque necesito que te importe.

Te odio porque está mal para mí tontear a alguien más, bobear a alguien más, maldecir a alguien más, porque todo eso eres tú.

Te odio cuando pienso en el futuro porque por un segundo te veo junto a mí, y después desapareces por el doloroso recordatorio de que decidiste desaparecer de todas esas imágenes de mi cabeza. Te odio porque antes de ti no quería un futuro, y después de ti estoy empezando a descartarlo.

Te odio porque me dabas las ganas de vivir mucho tiempo, sólo porque “querías envejecer conmigo”.

Te odio porque quien sabe si ya le dices esas cosas a alguien más.

Te odio porque no quiero que encuentres a nadie, te odio porque no sé si ya lo hiciste.

Te odio porque algún día alguien escuchará tu voz y tu risa, y verá tus ojos y estará entre tus brazos.

Te odio porque entre tus brazos es el único lugar en el que me gusta estar.

Te odio porque no eres sólo mío, porque eres libre, porque no te duele, porque no me extrañas, porque no me amas.

Te odio y quiero olvidarte y al mismo tiempo quiero tenerte presente para siempre.

Y para siempre no es cualquier cosa.

Y cada noche, cuando no puedo dormir (porque por alguna razón el insomnio regresa cada vez que tú te vas), intento distraerme y me pongo a leer, o a escuchar música, o a escribir, y llegas a mi mente y no puedo evitarlo, y trato de sacarte y no lo logro, y me da mucha rabia y quiero gritar, te odio más que nunca, más que siempre, te odio mientras las palabras se amontonan en mi mente hasta formar oraciones con algún sentido: “lo odio más que a nadie, que a nada, porque lo amo con todo mi ser. Lo odio porque no puedo odiarlo. Lo odio porque él no me quiere, maldito, infeliz, desgraciado, perro, gato, imbécil, lo amo, lo amo, lo amo…”, y me quedo dormida.

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