Dejemos de pedir el cambio, comencemos a hacerlo.

¿Qué se cosecha en un mundo en el que se siembra muerte e injusticia por todas partes? Se cosecha ira, rabia, indignación, enojo.
En un país en el que la educación es la mayor amenaza y los jóvenes somos los enemigos se siembra miedo y se cosecha miseria.
Lo que tenemos que hacer, como jóvenes, como estudiantes, pero sobre todo como seres humanos, es comenzar a involucrarnos activamente en la sociedad, y dejar de permitir que sigan pisoteando nuestros derechos.
Como mexicana, estoy muy inconforme con lo que quieren hacer de los jóvenes: el gobierno está creando un país de obreros, de mano de obra barata para que lleguen países más grandes e imponentes a comprarnos para sus empresas, y no podemos ni debemos permitir que hagan eso de nuestro país.
Debemos comenzar a demostrar que somos jóvenes, pero estamos conscientes de todo lo que ocurre y que no lo aceptamos. Debemos hacer que nuestras voces sean escuchadas. Debemos ir más allá del miedo, porque esa es su arma, y la nuestra es la información. A nosotros, como el futuro del país y del mundo, nos corresponde crear nuestro propio futuro.
Todos hablamos de un cambio, todos lo exigimos, pero ¿quien realmente está haciendo algo para que las cosas cambien? Necesitamos una revolución mental, intelectual y social que nos permita recrear las bases que sostengan la nación, en la que ya no se permita un narcogobierno, en el que los estudiantes no paguen con sus vidas el precio de la educación y en la que los trabajadores tengan un sueldo digno.
El cambio está en nosotros, y si verdaderamente queremos que suceda, no podemos quedarnos de brazos cruzados.
Yo no conocí el México justo y Pacífico del que muchas personas hablan, quizás porque nací mucho después, sin embargo la historia no me muestra un país de esa clase. Si no ha existido, es momento de crearlo, de cambiar de paradigmas y hacer que todos sepan que SOMOS JÓVENES PERO NO PENDEJOS, que estamos dispuestos a luchar por un futuro mucho mejor que el que el panorama nos pinta, y que no vamos a permitir que México se convierta en una fosa común, en la que, si seguimos conformándonos y no expresándonos, vamos a caer todos.
NO A LA REPRESIÓN, MÉXICO NO OLVIDA.
Ayotzinapa no fue el principio, pero fue la pauta de la acción, como el caso de iguala hay muchos otros de los que no tenemos idea porque LOS MEDIOS INFORMATIVOS NO NOS ESTÁN INFORMANDO, el error esta vez fue desaparecer 43 de un día para otro. No son 43, son miles de personas, pero 43 es nuestra pauta.
Todos somos el número 44, porque todos estamos en la gran cosa a la que solemos llamar México.