Inalcanzable.

¿Pero, qué es el amor?
Pensando en una definición me di cuenta de que el amor es inalcanzable.
Pienso que la muerte puede darnos un gran ejemplo de ello:
La muerte ama a la vida, la desea, la anhela, es por eso que trata de conseguirla. Cuanto más crece la vida, más la desea la muerte, se acerca lentamente, la acecha, la observa, la desea. Cuando llega el momento, la muerte es caz de tocar a la vida, por un segundo la posee, y entonces, la vida perece. En el momento en que la muerte puede estar al fin con la vida, esta cambia, se convierte en otra cosa.
La vida se libera y cambia, y es entonces cuando la muerte tiene que volver a buscar la vida, tratando de poseerla, hasta el fin de los tiempos.

En picada.

Pero había algo en él, en su mirada, en su sonrisa, en su cabello. Su cabello. Se le formaban remolinos de cabello, y parecía que estaba todo desordenado, pero había cierto orden, el mismo orden que ella anhelaba.

Había algo en él,en su esencia, en su existencia, en su ser. Emanaba sensaciones contradictorias, le provocaba una paz infinita revuelta con mucha adrenalina.

Había algo en él que provocaba algo en ella. Algo en él provocaba todo en ella, y ella se sentía como nada. Con sólo verlo ella sentía millones de cosas distintas. Habían hablado apenas un par de veces, e hicieron contacto corporal por accidente, pero incluso antes de eso, ella ya estaba loca por él.

La hacía enloquecer.

Caída libre.

El viento chocaba contra nosotros, como oponiéndose a lo que estaba sucediendo, como si algo quisiera advertirme, como si la vida quisiera que me alejara en ese momento, que huyera, pero yo no hice caso.
Él me miraba.
Sus ojos y los míos se conectaban y me era imposible no permanecer así, quería verlo, amaba que me viera.
Él sonreía.
Podía ser la sonrisa más especial del mundo o la sonrisa que le da a todas las personas, pero en ese momento, esa sonrisa era mía, era por mí y para mí, hubiera dicho y hecho cualquier cosa con tal de que no desapareciera, de que siguiera sonriéndome, de que siguiera enloqueciéndome.
Mi mano y su mano se rozaban de vez en cuando, y los choques eléctricos recorrían todo mi cuerpo. Él era electricidad pura.
Y permanecí atenta a cada detalle.
Cada palabra que él dijo fue escuchada, y cada gesto que él hizo quedó grabado en mi mente, y no pude evitarlo.
¿Cómo puedes evitar ese tipo de cosas? Como si pudieras elegir, como si pudieras poner pausa, retroceder y huir, como si la vida te diera la oportunidad de escoger cuándo sentir… No puedes, no pude.
Habían muchas personas, demasiadas personas, como tratando de hacer que no pusiera atención, como tratando de decirme que habían demasiada gente alrededor.
Pero ni siquiera lo noté.
Era él, era yo, éramos nosotros. Estaba él, estaba yo, estábamos juntos.
Al final de la noche, me dio una última mirada, acompañada de una gran sonrisa.
No hubo marcha atrás.
Esa fue la noche en que volví a caer.

Caminos.

Hay muchas formas de llegar al mismo sitio, pero cada quien utiliza el camino que elige, el camino que desea para poder llegar a algún punto, pero el lugar de destino para dos caminos diferentes puede ser el mismo.
Tal vez nuestro destino es el mismo, pero el camino es diferente.
O tal vez, nuestros caminos se unieron en un punto en el que debían cruzarse, pero se separaron para siempre.
Ahora es difícil saberlo.

Purificación.

Ellos lo llaman vicio, adicción, pero ellos no lo saben porque ellos no lo hacen. ¿Cómo podrían entenderlo? ¿Cómo podrían saber?

¿Les han contado alguna vez cómo funciona? ¿Podrían entenderlo?

Pones esos pequeños tubos entre tus labios y les das un poco de luz. Se encienden y su alma, blanca y ligera, comienza  a salir por un extremo.

¿Se han dado cuenta de que cuando más los necesitas, más tardan en arder? Tiene una razón de ser: te obligan a esforzarte cuando crees que no tienes fuerzas, como diciendo ¡oye, no voy a hacerlo todo por ti!. Temblores, dolor, esa presión que sientes en el pecho, llanto…, todo se calma cuando logras encenderlos, y luego comienzas a respirar profundamente.

Inhalas. Inhalas todo lo que necesitas, todo lo que puedes soportar, y el trabajo comienza.

Su alma hace el trabajo, recolecta todo, el humo envuelve todo lo que te molesta, lo que te lastima.

Exhalas. Puedes sacar todo de golpe o lentamente, te quedas así un momento, y cuando estás listo, puedes volver a hacerlo, repetir el proceso.

Muchas personas suelen pensar que son armas, pero, como dije, ellos no lo comprenden porque ellos no lo hacen. Dicen que prefieren tener una vida sana y que no quieren matarse con estas pequeñas cosas, pero, sin darse cuenta, hacen otras cosas que los matan de una forma peor, pues nunca logran salir, se quedan atrapados en la jaula que forma su propio cuerpo. Yo solía ser de esas personas que se destruyen con todo tipo de cosas, pero no podían ver a alguien fumando porque los tachaba de estar haciendo las cosas mal. No es así, no se trata de eso. Pobres hipócritas, pobres idiotas. No se dan cuenta de que, lejos de ser armas, estos pequeños pedazos de cielo son tus amigos, son la mejor compañía que puedes encontrar cuando lo único que deseas es estar solo, no te cuestionan cuando no deseas hablar, pero de alguna forma te entienden, escuchan en tu silencio lo que no quieres decir a nadie con tus palabras, y hablan contigo a través de su silencio, se expresan a través de esa silenciosa alma que emana de ellos y también de ti. Se sacrifican. Dan su vida para mejorar la tuya, para aminorar tus penas, aunque sea sólo un momento. Pero ese momento no dura simplemente hasta que se termine, hasta que se consuma completamente, no termina cuando te dan su última exhalación y debes dejarlos ir: generosamente, dejan en ti esa sensación por un rato más, esa sensación de paz. Sacas todo, te calman.

Ojalá fuera así de fácil, pero la verdad es que no puedes exorcizarte por completo, y nunca podrás, pero ayuda mucho, te hace sentir mejor. No lo hacen todo, pero te ayudan a seguir. Eso es lo que hacen los amigos

Quien diga lo contrario en realidad no lo sabe.

Ellos le llaman adicción.

Pero ellos no lo entienden.

Pero, en cambio, yo lo entiendo.

Yo le llamo purificación.

Artículo: Adopción entre Parejas del mismo Sexo

PROVERBIA

IMG_1007El otro día hablaba con un buen amigo, al cual aprecio con el alma y es casualmente cristiano protestante, y se me ocurrió molestarle entablando una conversación que a él le pudiese parecer incomoda. Toqué el tema de la homosexualidad, con el cual obviamente no iba a estar de acuerdo, debido a su “firme” creencia, pues su sistema ideológico no le permiten apoyar dicho estilo de vida. Esto, él me lo había comentado con anterioridad, más a eso agregenle que el es un machista de “siete suelas” —y yo que para agregarle más bomba a la ecuación, soy feminista— necesitaba muy poco de mi parte para entrar en provocaciones dadas las circunstancias. Usando lo mejor de mi retórica pese a haber sido muy temprana hora de la mañana, pues tenía que acompañarlo al hospital, empezé entonces con las argumentaciones sarcásticamente amistosas. Luego de un rato de deliberar puntos a favor…

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Presagio.

Mi pecho ardía, pero debía seguir corriendo a pesar de ello, a pesar de todo, o algo terriblemente pasaría. Lo sentía por todos lados, esa sensación de que algo terrible se acerca, pero ese algo no era para mí.
Era para él.
Yo corría tan rápido como podía, luchando contra mis piernas que suplicaban por un descanso, contra mi corazón que estaba a punto de salirse de su lugar, luchaba en contra del dolor porque no podía permitir que nada le pasara.
¿Pero quien era él?
Volteé a mirarlo, en parte para asegurarme de que se encontraba bien, pero sobre todo, de que seguía conmigo., pero la verdad quería ver su rostro, pero no pude hacerlo. Cada vez que intentaba ver su rostro, algo lo impedía, y esta ocasión fueron mis propios ojos, quienes compartían el cansancio de todo mi cuerpo y comenzaron a ver borroso. Respiré hondo y seguí adelante, siempre adelante.
No tenía idea de quien era él, pero le conocía. Su presencia me hacía moverme por inercia, y debía correr por mi vida, pero sobre todo por la suya. Sentía su mano enganchada a la mía, tan cálida, tan conocida, pero también sentía como si la tomara por primera vez, y tal vez así era.
Quería detenerme y preguntarle su nombre, o por qué lo protegía de esta manera, por qué me sentía obligada a correr por él, aunque ni siquiera por mí correría, pero no podía o algo terriblemente malo sucedería, ¿pero qué? ¿Por qué?
De pronto escuchamos pasos ajenos a los nuestros, fuertes pisadas que trataban de igualar o incluso rebasar nuestra velocidad, cada vez más cerca, más cerca, y la desesperación crecía dentro de mí, y su mano se apretaba más a la mía, y su respiración agitada era de alguna manera un gran alivio, porque seguía conmigo.
Decidí dar vuelta en algún lugar.
Mala idea.
De pronto el paisaje cambió y estábamos acorralados. Ellos se acercaban cada vez más y nosotros no teníamos a dónde huir.
Corrí hacia el frente, y el olor a sal me golpeó de pronto.
Un acantilado nos aguardaba al frente, y ellos se acercaban cada vez más, y temía que lo que ellos pudieran hacernos fuera peor que saltar. Y lo era, seguramente lo era.
Me detuve y él hizo lo mismo, y una tormenta de arena me impidió ver su rostro una vez más.
No podíamos hablar pues nos faltaba el aire, por lo que su voz tampoco pude conocerla (o reconocerla), pero incluso si no podía saber quien era, yo me sentía como yo misma a su lado, y haría cualquier cosa para protegerlo, y era lo que iba a hacer.
Ellos se acercaron cada vez más, y por alguna razón no parecían cansados. No recuerdo sus rostros, pero puedo ver sus sonrisas siniestras, burlonas, que me hacían confirmar que definitivamente nos esperaba lo peor.
Él me soltó y yo me quedé helada, sin saber qué hacer. Me acerqué a ellos, sin una idea pero esperando poder ayudarlo, pero él se alejaba de mí y supe lo que iba a hacer.
Iba a lanzarse.
Aterrada, me di la vuelta y pude ver su espalda en el momento exacto antes de que cayera. Un grito lleno de terror salió de mi garganta y mis ojos se llenaron de lágrimas.
¿Quién eres? ¿Por qué haces eso?
En un último intento corrí hacia él y me lancé también, dejando de lado mi miedo a las alturas y que no sé nadar, y traté de alcanzarlo, traté de tomar su mano o aferrarme a él pero no pude alcanzarlo.
Lo vi caer dentro del agua, y cerré los ojos con fuerza, esperando el impacto.
Entonces, de golpe, desperté. Mi corazón seguía palpitando con fuerza, y mis mejillas y cuello estaban empapados en lágrimas.
Otra vez este maldito sueño.
Tenía una sensación extraña, como cuando tienes un deja vu, pero a la vez, sabía que esto aún no había pasado, y casi con seguridad sabía que esto sucedería, y estaba aterrada.
No pude ver su rostro, nunca puedo hacerlo, pero mi desesperación por salvarlo a pesar de ello era tal que me di cuenta de que cuando lo encontrara, haría lo que fuera por mantenerlo con vida.
Sólo tengo que hallarlo, o algo terrible va a ocurrirle, y no puedo permitirlo.