¡Qué curioso! — El templo de Salomón

Niños de apenas seis meses desarrollan “la capacidad de formar una opinión sobre el comportamiento de otras personas antes de aprender a hablar”, afirman investigadores de la Universidad de Yale (Estados Unidos). Bebés de entre seis y diez meses observaron a un muñeco con ojos grandes que se esforzaba por subir varias colinas. Un segundo […]

a través de ¡Qué curioso! — El templo de Salomón

Tengo una carta escrita.

Está mirándome desde el cajón en que la tengo escondida.

Está escrita, pero no recuerdo por quien. Diría que por mí, pero no lo creo.

Recuerdo haberla escrito, pero me parece tan ajena, y no se parece en nada a lo que siento ahora.

No puedo decir, sin un dejo de duda, que fue escrita de mi puño y letra, aunque la verdad es que sí es mi letra, y recuerdo el momento en que mis manos se pasearon por esas hojas y mi puño se manchó de la tinta que tenía impresa mi alma propia, el alma que te regalé.

Es posible que esta carta la hubiera hecho yo. Si la hice yo, si la hizo cualquiera, fue escrita para ti.

Es por eso mismo que no voy a dártela.

Se quedará mirándome diariamente, silenciosamente, desde ese cajón donde guardo las cosas con las que no quiero lidiar.

Porque por mucho que tiene tu nombre, por mucho que haya sido hecha completamente pensando en ti, tú no eres ya la persona para quien fue escrita.

Historias de colecho, cesárea, depresión y de cómo adoro ser la madre de Cronopio #maternitytag — La Moleskine ® de Mamá

Por si no bastara con todo lo que cuento en cada post de mí y de mi maternidad, les comparto mucho más a través de este #maternitytag que, para ser exacta, no sé de quién es la iniciativa. Me he divertido con las respuestas de todas las que se han unido, espero que ustedes también […]

a través de Historias de colecho, cesárea, depresión y de cómo adoro ser la madre de Cronopio #maternitytag — La Moleskine ® de Mamá

IMG_20171031_141710.jpgEste año ha sido muy diferente a todos los demás años. Lo “normal” hubiera sido no hacer nada y no hablar del tema, porque aquí se acostumbra así. Sin embargo, este año ha sido muy diferente y me gustaría compartirlo con ustedes.
En mi casa nunca hemos acostumbrado hacer ofrendas, aunque la verdad es que a mi hermana y a mi siempre nos ha gustado la idea. Cuando eramos pequeñas hacíamos pequeñas ofrendas con puros dulces y flores que recogíamos cuando levantábamos la ofrenda de la escuela, y como a nadie se le ocurre llevárselas había años en que traiamos la mochila repleta de flores, guayabas y cosas olvidadas, poníamos la foto de algún santo y recogerla era lo mas divertido porque comíamos todos los dulces entre las dos. Pero esas cosas se acaban conforme creces, y conforme creces, uno se va olvidando del motivo de las cosas, así que no teníamos motivo para “festejar”.
En 2012 perdimos a una persona a quien amábamos mucho, y recuerdo ese 14 de julio como el día más duro y triste de mi vida entera. Lo particular de esta pérdida es que ni siquiera tuve la oportunidad de conocerla, ya que murió en el vientre de su mamá.
Siendo honesta yo nunca (de verdad nunca) he sido fan de los bebés. ” No sé ” llevarme con ellos y me parecen seres muy extraños (sí, lo digo aún teniendo a mi guguita). Pero pensar en mi sobrinita, Renata, me hacia sentirme muy feliz y ya contaba los días en que pudiera conocerla y enseñarle las cosas como su mamá me había enseñado, pero eso no pudo ser. Desde entonces dejé de creer en muchas cosas, entre ellas la vida misma.
Esta pérdida fue muy dura de llevar para todos y después de un tiempo se convirtió en un tema muy sensible en mi casa, por lo que nunca tuve oportunidad de enfrentarlo como es debido, y de hecho muy pocas personas saben esto de mí.
Las cosas, en lugar de mejorar y ayudarnos a sanar, se complicaron mucho. Entre 2012 y 2013 aprendí de forma muy dura que la tristeza mata mucho más rápido. Mi tío llevaba años padeciendo una enfermedad en el hígado, pero el pensar en su nieta lo hacia salir adelante. Al perderla, parece que todos se rindieron, pero sobre todo él. Decayó mucho más rápido que en todos los años que estuvo enfermo. El 13 de diciembre de 2013 fuimos a verlo porque en la mañana dijo que nos quería ver, pero cuando llegamos ya no nos reconoció. Llamaba a Renata  y la arrullaba. Lo abrazamos y le dijimos lo mucho que lo queríamos. En la noche, al regresar a casa, nos marcaron para decirnos que había partido.

Veo mi vida hacia atrás y me parece que desde entonces sufro depresión. Pero ese también es un tema que en mi casa no se toca.

Pero este año ha sido completamente diferente. Este año he intentado cambiar. Y estoy cambiando las cosas.

Al nacer Eli, el tema de Renata se hizo doloroso pero inevitable, pues ya tendría 5 años. Veo en los ojos de mi tía la tristeza de evocar a la nieta que nunca pudo cargar, y en los de mi prima a la hija que no esta con ella, y en Eli se refleja(ba) mi propio terror. De mi embarazo no hable con casi nadie por el miedo que me daba que me pasará lo mismo, y he pasado dos años muy difíciles llena de un miedo que sólo crece y una nostalgia que no se va.

Mucho se habla de que los extranjeros se sorprenden y no entienden muy bien por qué celebramos la muerte, y honestamente yo misma no pude entenderlo por años. Me parecía doloroso hacer una ofrenda y no tenía ganas de festejar.

Este año quise cambiar desde cosas muy pequeñas, empezando por las tradiciones. Eli aún es muy pequeña y en realidad solo le importa robarse las mandarinas de la ofrenda, pero yo quería celebrar, y quiero celebrar.

Veo a Eli todos los días y no puedo imaginar mi vida sin ella. La veo dormir o hacer travesuras y agrafezco a la vida por esta gran oportunidad que me dio de verla crecer cada día. Ella me motiva todos los días a levantarme, y si no quiero me llena de besos hasta que salgo de la cama. Ella me regresó la alegría y las ganas, y tengo ganas de enseñarle a disfrutar hasta de la muerte y tengo ganas de que aprenda a sentirse libre de hablar de lo que quiera en esta pequeña casita de tres donde los secretos y los sentimientos enterrados no están bien vistos.

Hoy, 31 de octubre, es el día de los niños que no pudieron nacer, y pusimos esta ofrenda por ellos, por ella, a quien no tuve la oportunidad de conocer pero a quien amo profundamente, por mi tío, quien creía firmemente que iba a ir con ella a un lugar mejor, y por mí.

Por las “nuevas” (aunque viejas) tradiciones en familia. En esta familia chiquita donde voy a dejar atrás lo que aprendí antes de conocerlos.

AQUÍ ESTÁ TU CALAVERA, CATRINA – CALAVERITA LITERARIA — enero11

En esta calmada noche que canta así su reproche viene pa’cá la catrina con un muy sabroso pan. Y con tanto pan de muerto ella anuncia su contento puede el ciego quedar tuerto y hasta el cojo bailará. Pues cuidado en esta esquina que ya viene la catrina cuidadito si te atina que te vas […]

a través de AQUÍ ESTÁ TU CALAVERA, CATRINA – CALAVERITA LITERARIA — enero11

Cenizas quedan.

(Querido…)

Te escribí una carta, pero nunca vas a leerla.
Te conté mis preocupaciones y la llené de lágrimas y rabia. Te hablé de mis sueños y mis pensamientos. Te conté que es de ti de quien hablo en mis sueños, y que el polvo de los muebles te conoce de memoria.
Te conté de mi infancia y de lo mucho que me hiciste falta, aunque no te conociera. Te conté de mi adolescencia y de todas esas cosas que me hicieron ser quien soy.
Te conté de mi amor, de ese que parece ya no importar, y que aunque parezca minimizado, cada día crece más. Te conté de las mariposas, y de esos insectos que invaden mi estómago, y que a veces los siento revolotear calmados, rodeados de una ligera bruma que les hace desear bailar; y que a veces escarban muy profundo, furiosos, buscando las cosas malas que comienzan a brotar desde el fondo y que no me dejan vivir en paz.

Pero no lo sabes.

Y no vas a saberlo.
Esperé a que te fueras de casa y te escribí la mejor carta del mundo.
La carta más sincera que (estoy segura) existe.
La carta que te deja verme, que te permite leerme.
La carta que (con mucho esfuerzo, tal vez) lo explica todo.

Pero esperé a que te fueras.

Las palabras quemaban mis dedos. Debí darme cuenta de la tremendamente irónica señal.

Terminé con un te amo, como siempre; con un suspiro, con el estómago vacío y el sobre repleto de cadáveres.

El fósforo.

La fricción.

El papel.

El olor.

Vi cómo cada una de mis palabras se iban consumiendo. Todo en cámara rápida, y me pareció que debí haberte contado eso también. Que el fuego es más rápido que los ojos y el arrepentimiento, que no debí ver lo que vi ni leer lo que leí. Que en lugar de reproches guardados y peleas no peleadas, debí escribir más cursilerías, sólo unas cuantas más, para que nunca sospecharas que sé lo que sé.

Al final sólo quedó un pedazo de papel con las orillas aún humeando y un montón de palabras inteligibles cubiertas por un poco de hollín,y un montón de cenizas.

Ahí estaba tu carta. mirándome. Pidiendo que volviera a escribirla.

Ahí estaba la carta, la que quería que vieras.
La metí en el sobre, escribí el remitente y el destinatario, riendo un poco por tener la misma dirección.
La guardé en un cajón.
En ese cajón que nunca abres porque no hay nada tuyo. excepto que te equivocas, porque ese cajón lo llené de ti.

Las escuchaba.

Las palabras salían del cajón (huían del cajón) en susurros que inundaban mis oídos y llenaban la casa de nostalgia. Mis miedos gritaban, mis recuerdos reían, mis tristezas lloraban, y, mi amor, mi amor quemaba. Qué ironía.
De repente vi los destellos que te avisan demasiado tarde que, efectivamente, es tarde. Levanté la vista sólo para comprobar que todo estaba en llamas. Me hubiera gustado escribirte también que las cosas encendidas parecen de papel. Se deshacen. Se convierten en esa cosa suave que se deshace entre tus dedos y que sólo dejan una mancha.

Mi casa se quemaba.

Me hubiera gustado haberte escrito que en realidad no me importaba.

Porque al ver estas ruinas en que llevo tantos años viviendo, me di cuenta de que mi hogar no es aquí donde me encierro.
Mi hogar eres tú, donde no me permito entrar.

Atentamente…

La Bruja de la Escondida — Paola Klug ☾ La pinche Canela ☽

Dedicado a los alumnos de la Telesecundaria 679 de San José Iturbide y al profesor Alejandro Almanza. Gracias por su amor, siempre los tengo en mi corazón. I Su madre murió de resultas cuando ella nació; el único recuerdo que tenía de ella era el olor a hierbabuena. María Jerónima siempre creyó que así olían […]

a través de La Bruja de la Escondida — Paola Klug ☾ La pinche Canela ☽

Las horas. (Sin {sen}ti{do})

A veces despierto y me encuentro con que tu lugar está vacío.

Junto a mí sólo está tu almohada y el lugar vacío y frío que dejaste atrás, apresurado.

Me imagino que no volteaste siquiera a ver si seguía dormida, me imagino que te apresuraste a vestirte y saliste corriendo, casi con los zapatos desatados por la prisa, y que no me diste ni una caricia.

Me imagino cómo subes al transporte y te olvidas de mí, del calor de la cama que acabas de dejar, y te odio.

Te odio todo el día.

Pienso en ti en incontables momentos y te odio porque pienso que tú no me recuerdas.

A veces lloro de coraje. Puro coraje. Grito y gruño y me propongo no pensar en ti. Y fallo.

Después te extraño.

Los recuerdos me golpean.

Y te extraño más.

Y luego más.









Y al final del día, cuando estoy a punto de convencerme de que no, que no te quiero y no te necesito, llegas y sonríes. 

¡Esa maldita sonrisa!

Día(s) de (la terrible) incertidumbre.

Te he conocido bajo la lluvia

y en los fríos inciertos que suceden en primavera.

Te he conocido entre las flores

que despiertan y se abren todas las mañanas de verano

y también cuando las hojas 

hacen sonar los pasos de los amores

apresurados.

Te he conocido en la oscuridad

valiendome de mis manos

para reconocer tu rostro.

¿Por qué, entonces, 

amor mío,

en días como estos,

en que la brisa acaricia mis mejillas

y una suave llovizna recorre tranquilamente ni espalda,

no te conozco, y me siento a pensar

mientras las nubes pasan,

mientras  el sol recorre el cielo,

que hace mucho que no 

nos conocemos?

¿Cuando vas a volver a encontrarme?

(Me), (te).

Perder (  )
Encontrar (  )
Quizás de eso se trata.
De buscar (  ) y encontrar (  ) en los lugares menos pensados.
Inmersa en ti, perdida, perdiendo, ganando, encontrado.
Perdida (en ti/por ti)
Perdiendo (me)
Ganando (nos)
Encontrando (nos)
De eso se trata. De los crucigramas en las tardes, de los errores y de borrarlos, de la rayuela invisible, del juego sin reglas.
De las escondidas donde quien es encontrado en realidad gana.
De mi mundo al revés contigo.
De nuestro mundo al revés.

Te extraño la sonrisa y las caricias, pero sobre todo las miradas.
Te extraño las risas y las bromas, pero sobre todo los suspiros.
Te extraño la voz y las palabras, pero sobre todo los silencios cómodos y prolongados.
Te extraño la piel, te extraño los besos, te extraño los planes y no hacerlos.
Te extraño las lecturas.
Te extraño junto a mí.

Lloviendo.

Salimos de ahí a la oscura noche lluviosa.
Salimos tomados de la mano aferrados a nuestras manos, y comenzamos a caminar en silencio.
Y llovía.
Las calles estaban desiertas y tranquilas, aunque a veces esa tranquilidad se veía turbada por automóviles o personas que desaparecían en pocos segundos.
Yo sonreía.
Tú me llovías.
Así era como veía al mundo últimamente: desierto.
No desierto como una soledad inmensamente triste, sino como una tranquilidad inmensamente hermosa a tu lado.
Como que el mundo llovía siempre que estábamos juntos.
Como que todos se resguardaban, alejados de ti y de mi (de nosotros juntos), y ni los relámpagos estruendosos de sus risas nos llamaban la atención.
Esa noche fue la descripción gráfica de mí contigo.
Yo siendo feliz contigo.
Yo, lloviendo contigo.

UN BLOG PARA APRENDER JAPONÉS-IMPROVE JAPANESE

Javier Trejo

Improve Japanese es un blog que está comenzando y que tiene una idea muy genial: Aprender japones desde el inicio. Las entradas que comparten con nosotros tienen gran claridad, uno puede sumergirse en el mundo del japonés de manera sencilla, clara y directa. Los invito a echar una ojeada a este espacio, seguro los engancha.

Pienso que a esta clase de blogs que buscan apoyar a las personas para lograr ciertas cosas, en este caso aprender japonés, pues merecen todo el apoyo posible para crecer. Es por esto que mi manera de apoyar este proyecto es compartirlo con los lectores de enero11 y así, a quienes les gusta aprender idiomas puedan seguir este espacio y compartir el contenido.

Aquí está el blog, sólo hay que dar click sobre la imagen.

1555395_801603703194551_3107933267835454989_n

 Improve Japanese

Ver la entrada original

“Si correspondencias como la de hoy tuvieran lugar en todos mis días, las horas seguramente no serían largas, sino fugaces, esperando el momento del próximo encuentro. Ahora solo sé que me haces falta aquí y ahora. Allí y mañana. Allá y ayer. Hasta que tus ojos vean los míos.”
—Moni Florín Castillo.

Hiato.

Derrotada, dejé de buscar a quien entendiera el mundo como lo hago yo.
¿Quién se fijaría en las estrellas?
¿Quién se dejaría absorber por las nubes?
¿Quién amaría como yo el viento de otoño?
Me resigné a no encontrar lo que siempre había deseado, porque uno n conoce sus deseos más profundos hasta que los tiene enfrente.
Luego él.
Luego yo.
Luego todo.
Luego nada.
Luego lluvia.
Luego sol.
Luego viento.
Luego calma.
Luego ruido.
Luego silencio.
Él es capaz de conversar a través de miradas, y justo en el momento en que creí que perderme ahí, en su mirada, sería mi fin, me dijo que podría perderse en mí por todo el tiempo, y me dejé ir.
Él es capaz de escuchar más allá del ruido, y justo cuando empezaba a quedarme atrapada en el escándalo de la cotidianeidad, me hizo ir más allá de todo, y pude despegarme un segundo de la realidad para escuchar el silencio con él, su silencio repleto de nosotros aparte de todo.
Él es capaz de hacerme brillar más que todas las estrellas que hay en el cielo.
Nombramos las cosas a nuestro propio modo, las hacemos nuestras.
Él conoce los mayores placeres de la vida y los comparte conmigo.
Él ríe conmigo o de mí, y yo río  con él o de él.
Y lo más sorprendente de todo, lo que me hace comenzar a dudar de si esto es real, es que él hizo algo que siempre desee que hicieran.
Como si hubiese logrado traspasar las barreras que construí y hubiere podido leerme.
Pero entre más pienso en lo irreal que suena, más real me parece, más cercano, más tangible.
Y si él existe porque piensa, y si yo existo porque pienso, lo que siento cuando estamos juntos es lo más real que existe y que no existe.
Él comenzó a besar mis cicatrices, y supe entonces que no había marcha atrás.
Quizás viene a hacer reales las cosas en las que dejé de creer.

Ramona “La Hierberita” ilustrada por Isabella

Paola Klug ☾ La pinche Canela ☽

10553421_10152269887254135_7173317152298401460_n

Este dibujo es creación de una pequeña lunita llamada Isabella Montserrat Meza uribe, ella  tiene once añitos y lo hizo para ilustrar a Ramona -protagonista de mi cuento “La Hierberita”

Isabella ¡muchas gracias preciosa! Ramona está super contenta con tu regalo -al igual que yo- ¡Eres una excelente ilustradora!

Si aun no han leído el cuento, click acá para descargarlo:

https://paolak.wordpress.com/2014/08/02/la-hierberita-cuento-infantil/

Ver la entrada original

Ensayo sobre el absurdo: Sobre crear.

Ave Literaria

Gracias a Ave Literaria he tenido la oportunidad de conocer a diferentes artistas, de diferentes áreas y con distintos niveles de profesionalización. Al hablar con estas personas no descubrí el hilo negro del arte al llegar a la conclusión de que todo artista necesita apoyo.
Se sorprenderían de la cantidad de personas que desean, piden y hasta exigen que les regales tu obra. Las personas crean por diferentes razones y casi siempre no es con el fin de lucrar, es por un impulso creativo, una necesidad de expresión y amor al arte. Esto último (el amor al arte) no significa que no esperan algo a cambio o que no lo necesitan. Hay quienes crean a partir de la comodidad de una seguridad económica que les permite no preocuparse por esa parte y hay quienes lo hacen a partir de una situación económica precaria y ante la disyuntiva de comer, pagar…

Ver la entrada original 327 palabras más

LOS JUGUETES DE CAÍN – CUENTO CORTO

Javier Trejo

Hay familias que discuten mucho; también las hay que discuten poco. Hay familias donde los hijos son perezosos o las hay donde los padres los son. Se aprende a partir de errores, pero no quiero escribir sobre errores sino de aciertos. Caín era el hermano mayor de Abel. Siempre fueron muy unidos, salían juntos a jugar todos los días.

Caín tenía que cuidar a su hermano, quien era todavía muy pequeño, no era capaz de escalar una montaña o correr cuesta abajo, podría lastimarse. Un día, sus padres labraron a manera de obsequio dos juguetes de madera: Un ave y un ciervo. Aquella noche, al terminar de jugar, los dos niños resguardaron sus juguetes en una repisa. La noche transcurrió y Caín se despertó al escuchar unos sollozos. Se talló los ojos y se incorporó. Preocupado, volteó a mirar a Abel, quien se encontraba llorando.

La cama estaba cubierta por…

Ver la entrada original 71 palabras más

Poema: Sosobra

PROVERBIA

IMG_1509

Una arritmia de pesares

se mece sobre mi vientre

dejandome sentir mariposas

avernales, misteriosas y persistentes

que atormentan a los pecadores

engulliendo remordimientos añejos

y defecando a su paso soledad

debajo de las pieles marcadas

con guallones y raspones

de una vida gozada.

Con cuero cabelludo entre las uñas;

descueradas y mordidas

al fallar manejar el escape

de un trastorno sádico

al que llaman desamor.

—Tomás G. Michel

Ver la entrada original

Anukia / Calzado Artesanal

Paola Klug ☾ La pinche Canela ☽

Antes de cualquier otra cosa debo contarles una historia:

Érase una vez un niño llamado Juan y una niña llamada Anna que compartían la misma escuela primaria. Juan estaba secretamente enamorado de Anna y muy probablemente a la pequeña Anna también le gustaba Juan; una vez mientras ambos participaban en el clásico chismógrafo escolar, Juan confesó su amor por Anna pero usó un nombre “clave” que solo él entendía para referirse a ella: “Anukia

Pasaron los años y Juan y Anna tuvieron que separarse para continuar cada uno con sus vidas; fueron a otras escuelas, tuvieron otros romances y no fue hasta muchos años después que por casualidad volvieron a encontrarse, pero esta vez Juan pudo decirle a Anna lo que siempre sintió por ella y ella le correspondió…

Bien lindo ¿no? pues así empieza la historia de Anukia.

Ya como novios, Juan y Anna viajaron a Talpa…

Ver la entrada original 283 palabras más

A veces.

Love will tear us apart...

A veces uno amanece con ganas de comerse al mundo, con un poder enorme, con ganas de vivir…Y otras veces el mundo se lo come a uno, llevándose consigo las ganas, el poder, los motivos; y cuando uno ya no encuentra motivos, se deja ir a la nada, y solo existe por existir, sin motivos, sin ganas, esperando algo o a alguien que le devuelva lo que el tiempo y la vida le quitó. En mi experiencia, nada vuelve a ser igual, todo se torna peor, he aprendido que mi mejor compañero es mi cigarrillo de medianoche, pero sigo albergando la esperanza de que alguien me arregle… Algún día, en alguna vida.

11040156_923345631032187_679602630_n

Ver la entrada original

IMG_6382

¡Adelante! ¡Destrúyete!
Toma uno y préndelo. Aspira lenta y profundamente, y finge que te salva, que los problemas desaparecen poco a poco de tu vida, que ese sentimiento relaja te es real y perdurará.
Toma otro, y siente cómo el humo llena lentamente tus pulmones, y cómo las sensaciones se extienden a lo largo de todo tu cuerpo, imagínate que al sacar el humo, sacas con él todas las preocupaciones que te estaban asfixiando, cómo por unos cuantos minutos puedes ser tú y sólo tú en el mundo.
Uno a uno, adormécete, engáñate. Enciérrate en ti. Ve guardando esos momentos sólo para ti, sé sólo tuyo, aléjate de todos, y finge que en realidad crees que no los necesitas, que cuando te falta el aire no puedes echarles la culpa. Y realmente no puedes, porque es tuya.
Pero algún día Encontrarás a alguien que te ayude a entender que no es eso lo que te hace sentir bien. Todo lo que necesitas está en ti. Sólo necesitas a alguien que esté dispuesto a entrar en ti, explorarte, y encontrar esas cosas que te saquen a flote.

Petición prematura:

No te vayas. 

Camina conmigo, descubre cómo de repente pierdo el equilibrio. Date cuenta de cómo algunas veces pierdo mi camino y empiezo a zigzaguear.

Toma mi mano, incluso aunque sude, y date cuenta de lo cálido que haces que mi corazón se sienta.

Mira mis ojos, pero eso ya lo haces, y sé lo que te dicen cuando me miras con esos ojos que me dicen que todo va a estar bien. No dejes de mirarme.

Sonríe, mi mundo se ilumina cuando lo haces, y una cosquillas comienza en mi estómago y sube por mi cuerpo hasta convertirse en una sonrisa que es muy tuya, que tú provocas y por la que al mismo tiempo sonríes.

Abrázame, muy fuerte abrázame, como si nada más importara, como si en el templo de tus brazos yo pudiera estar resguardada por el resto de los días, hasta el fin de los tiempos.

Bésame. 

Cuando tus labios chocan con los míos, bailan y encuentran su propio ritmo, y la melodía que crean es lo mejor que he escuchado nunca. Melifluo, le dicen.

Cuando me muerdes, mi corazón se detiene un segundo, y no puedo hacer más que sostener mi respiración y aferrarme a tu cuello.

Nuestras respiraciones se escuchan por sobre todo el ruido.

Encontramos nuevas formas de comunicarnos, y yo quiero encontrarlas todas.

Por eso quédate. Incluso si llueve, o hace calor, incluso si el frío nos quema, quédate.

Quédate.

Bajo la luz artificial y en medio del frío, rodeados de gente, pero absortos en nuestros propios asuntos, creamos un mundo que es nuestro y de nadie más.

Y quizás nadie lo entienda, y amo la idea de compartir cosas que solo sean entre él y yo, que solamente entendamos nosotros, y que hagan de esto lo más grande del mundo.

Sin nombres, solo cosas llenas de colores, sonidos y climas; solo cosas para leer, como miradas, sonrisas, caricias y besos.

Y cuando sus brazos me rodean, todo desaparece, y se siente como si dentro del templo de sus brazos nada pudiera romperme, ni siquiera él.

Y lo que siento no tiene nombre, y sé que le pasa lo mismo, y sé que cuando cantemos al fin, nuestros corazones se sincronizarán y seremos capaces de comenzar a inventar verbos.

Y los participios de esos verbos podremos usarlos de adjetivos, y sustantivos, y nuestro grado de aceptabilidad será alto.

Y lo sentiré respirar junto a mí, y eso será suficiente.

Porque nada hace falta, porque sabemos lo que pasa.

Y al fin puedo atreverme a hablar, y él escucha.

Y él entiende.

Ojalá escuches siempre lo que escucho cuando te escucho.
Ojalá veas siempre lo que te veo cuando te veo.
Ojalá sonrías siempre lo que te sonrío cuando te sonrío.
Ojalá sientas siempre lo que (te) siento cuando tomo tu mano.
Ojalá suspires lo que suspiro lo que te suspiro.
Ojalá sea este el juego sin fin, donde llegamos al cielo y volvemos a empezar.
Conoces el juego.

6 de marzo de 2015.

“(…)y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mí como una luna en el agua.”

Llueves.

Llueven rayos de luz, que se filtran por las grietas de mi corazón.

Llueven tus miradas, que se meten en lo más profundo de mi alma y me obligan a sonreír.

Llueven tus sonrisas, con relámpagos, llenos de una electricidad que me hace temblar.

Llueven tus palabras, formando melodías. Esas melodías que podrías tener de fondo todos los días. Palabras con sueños, palabras con cafés, palabras con deseos, palabras que riegan las semillas de muchas sensaciones, y cuando acaba esa lluvia, puedo cosechar grandes frutos.

Llueve tu risa, con vientos, capaces de tirar todo lo que se encuentre a su paso.

Me llueve tu presencia, incluso aunque no estés aquí.

Me llueve tu esencia.

Me llueve tu ausencia.

Me llueves como llueve cuando llega la primavera. 

Me llueves con esas lluvias que se antojan ciertas tardes.

Me llueves, de esas lluvias que dejan charcos por todos lados, de esos charcos en los que quiero jugar contigo.

Me llueves con ese caos, con ese desastre, que yo ya tenía, pero con el orden justo.

¿Qué sería de un huracán, un desastre natural, sin sus lluvias?

La nostalgia de los parques vacíos.

Todos los días camino por un parque. Día con día me adentro en el césped y camino, y escucho crujir bajo mis pies toda esa vida que espera por un par de pies que le haga existir, que le haga sentir, y lo único que se escucha es eso y el triste cantar de los pájaros, quienes parecen estar cantando ya sin ganas, a sabiendas de que son escuchados solamente por ellos mismos y por sus compañeros pájaros que intentan cantar más fuerte, más bonito, con la esperanza de que alguien lo note.

Nadie lo nota, y esa es la triste verdad.

Volteo siempre a todos lados, en busca de algo, en busca de esa vida que el parque exige y que no obtiene, parece que nadie escucha sus gritos desesperados, como si supiera que su existencia misma dependiese de esos pasos, esos gritos y esa alegría que se supone que le dan los niños.

¿Y los niños?

Seguramente se encuentran en sus casas, en cuartos oscuros que en realidad son jaulas disfrazadas de comodidad, de libertad y diversión. Seguramente juegan con aparatos que yo nunca tuve ni deseé tener cuando era joven, cuando todo lo que anhelaba era que mis padres encontraran un poco de tiempo para mí, para llevarme a jugar.

Entiendo al parque, y me uno silenciosamente a su sentimiento de desolación, de tristeza.

¡Cómo anhelo que los niños vuelvan a ser niños! ¡Cómo deseo que los aparatos vuelvan a ser para al gente adulta, y los parques se desborden de alegría, de aves que tratan de hacerse escuchar más fuerte que las risas, los gritos y los juegos de los niños!

¡Cómo deseo reencontrarme con la sensación de adrenalina al pasar en medio del campo, con el temor de que te peguen un balonazo! 

Caminar por los parques, significa que ahora ya no encontrarás el piso pintado con gises ni ladrillos, no verás las rayuelas pintadas, invitándote al ritual que te lleva directo al cielo, ni ese curioso juego, stop, que tantas sonrisas nos sacaron.

Cada día camino por ese y tantos otros parques, con la esperanza de encontrar otra vez un poco de esa humanidad de la que tuvimos nosotros en nuestra infancia, esa que todavía nos tocó vivir cuando anhelábamos crecer, sin saber que una infancia como la que tuvimos, se extinguiría como tantas otras formas de vida.

Los niños están en peligro de extinción, y lamentablemente no hay asociaciones que se preocupen por preservar esta valiosa especie.

La Palabra

Ave Literaria

Imposible seguir escuchando.
Las palabras nos alejan de donde estamos.

La vista no descansa.
No hay descanso para los ojos.
No hay descanso pues cada texto
evoca un nuevo lugar.
Algo que vive.
Algo que enerva,
que se mueve
y trasciende la hoja
sin hogar que lo acoja.
No le queda más que la mirada,
los ojos del espectador cautivo.

Las palabras pueden hacerte sentir,
pueden darte mundos y mentiras,
realidades y desventuras.
Siéntelas hablar
a través de mí,
a través de ti;
como si todo lo que deseo
es esta palabra
concentrada en este día,
en esta hoja, una parte de mi interior.

Todo es el deseo que trasciende 
la nada de la hoja, del ojo
del observador que busca
lo que se desvanece en el aire,
que me abarca como si me pudiera romper.

-Ave Literaria

Ver la entrada original

El fin de los tiempos.



Pero nunca la tocaba. Apenas su mano la rozaba por accidente, ella se estremecía desde lo más hondo, profundo y puro de su ser, y un suspiro se atoraba en su garganta. Quizás para él fuera normal, natural que con el movimiento natural de sus manos, alguna vez le tocase, tal vez para él eso no significaba demasiado, pero cualquier tipo de interacción, cualquier tipo de contacto físico, por breve, veloz o imperceptible que fuera, era para ella como una descarga eléctrica que recorría todo su cuerpo, que la llenaba de energía y sentía cómo sus terminaciones nerviosas ardían por un largo rato, cómo se volvían a activar cuando el viento tocaba su piel y ella podía imaginar nuevamente la sensación de su piel pegada a una piel que no era propiamente suya, pero que quería conocer, que quería reconocerla como propia, conocer la textura de cada milímetro, y que llegado un momento, el contacto de esas dos pieles no fuera extraño, pero al mismo tiempo, que cada vez que se tocasen sintiera esa misma sensación.

Esa era una de las razones por las que ella tampoco lo tocaba. Ella no se atrevía a rebasar la barrera del espacio personal para tocarlo. Jamás había hecho siquiera un intento. ¿Por qué? Por miedo a que, en cuanto su piel se acostumbrara al contacto de otra piel, ella dejaría de tener esa sensación que la hacía desarmarse, deshacerse en sí misma y que la hacía desfallecer y al mismo tiempo sentirse más viva que nunca. Tenía el temor de que al tocarlo, el hechizo que los envolvía en una atmósfera bastante extraña y agradable, se rompiera, y que jamás pudiera sentirse de esa manera. Sentía que su vida se acababa cada vez que imaginaba eso, porque aunque no lo quisiera así, ella se sentía viva por él. Viva como nunca antes.

Lo que ella no sabía, y que ni siquiera se imaginaba, era que esos pequeños roces “accidentales” que se daban siempre, sin importar si caminaban o estaban sentados, en realidad no eran accidentales. La verdad era que él analizaba cada aspecto, calculaba a qué velocidad y a qué distancia moverse para que pudiera tocarla sin que se viera como un gesto desesperado, esa hambre que sentía y que sólo podía saciarse cuando la tocaba, y sobre todo, cuando la veía encogerse sólo un poco, gesto que nadie más, en todo el universo, podía notar, excepto él, que la conocía mejor que a nadie, incluso que a sí mismo.

Y quizás esos pequeños toques fueran en realidad la mayor prueba de algo grande, algo que los dos buscaban sin saberlo, y que en realidad habían encontrado desde la primera vez que sus miradas se tocaron, se acariciaron desesperadamente. Porque aunque no lo sentían como tal, sus ojos eran muy íntimos. Se unían a menudo, danzaban, charlaban, reían y lloraban juntos, y se tocaban, se acariciaban lentamente, se enamoraban mutuamente.

Quizás, y no me atrevo a afirmarlo, eso fuera el amor. Tal vez se amaban, y tan vez lo habían hecho desde siempre, y tal vez lo harían para siempre.

Lo único que debían hacer para sellar ese pacto tácito, esa promesa que ni siquiera debía pronunciarse en voz alta, era tocarse. Debían tocarse, tomarse, sentirse. (Re)conocer esa piel que en realidad siempre habían conocido, pero más que la piel, entrar en contacto directo, a través de algo tan efímero como el contacto físico, con eso que todos se empeñan en llamar “alma”. Y cuando sus almas por fin pudieran enlazarse, la vida como la conocían terminaría para siempre.

El día que la tocara, el mundo colapsaría, el universo terminaría; y, en su piel, la vida renacería.