La Bruja de la Escondida — Paola Klug ☾ La pinche Canela ☽

Dedicado a los alumnos de la Telesecundaria 679 de San José Iturbide y al profesor Alejandro Almanza. Gracias por su amor, siempre los tengo en mi corazón. I Su madre murió de resultas cuando ella nació; el único recuerdo que tenía de ella era el olor a hierbabuena. María Jerónima siempre creyó que así olían […]

a través de La Bruja de la Escondida — Paola Klug ☾ La pinche Canela ☽

Las horas. (Sin {sen}ti{do})

A veces despierto y me encuentro con que tu lugar está vacío.

Junto a mí sólo está tu almohada y el lugar vacío y frío que dejaste atrás, apresurado.

Me imagino que no volteaste siquiera a ver si seguía dormida, me imagino que te apresuraste a vestirte y saliste corriendo, casi con los zapatos desatados por la prisa, y que no me diste ni una caricia.

Me imagino cómo subes al transporte y te olvidas de mí, del calor de la cama que acabas de dejar, y te odio.

Te odio todo el día.

Pienso en ti en incontables momentos y te odio porque pienso que tú no me recuerdas.

A veces lloro de coraje. Puro coraje. Grito y gruño y me propongo no pensar en ti. Y fallo.

Después te extraño.

Los recuerdos me golpean.

Y te extraño más.

Y luego más.









Y al final del día, cuando estoy a punto de convencerme de que no, que no te quiero y no te necesito, llegas y sonríes. 

¡Esa maldita sonrisa!

(Me), (te).

Perder (  )
Encontrar (  )
Quizás de eso se trata.
De buscar (  ) y encontrar (  ) en los lugares menos pensados.
Inmersa en ti, perdida, perdiendo, ganando, encontrado.
Perdida (en ti/por ti)
Perdiendo (me)
Ganando (nos)
Encontrando (nos)
De eso se trata. De los crucigramas en las tardes, de los errores y de borrarlos, de la rayuela invisible, del juego sin reglas.
De las escondidas donde quien es encontrado en realidad gana.
De mi mundo al revés contigo.
De nuestro mundo al revés.

Te extraño la sonrisa y las caricias, pero sobre todo las miradas.
Te extraño las risas y las bromas, pero sobre todo los suspiros.
Te extraño la voz y las palabras, pero sobre todo los silencios cómodos y prolongados.
Te extraño la piel, te extraño los besos, te extraño los planes y no hacerlos.
Te extraño las lecturas.
Te extraño junto a mí.

Lloviendo.

Salimos de ahí a la oscura noche lluviosa.
Salimos tomados de la mano aferrados a nuestras manos, y comenzamos a caminar en silencio.
Y llovía.
Las calles estaban desiertas y tranquilas, aunque a veces esa tranquilidad se veía turbada por automóviles o personas que desaparecían en pocos segundos.
Yo sonreía.
Tú me llovías.
Así era como veía al mundo últimamente: desierto.
No desierto como una soledad inmensamente triste, sino como una tranquilidad inmensamente hermosa a tu lado.
Como que el mundo llovía siempre que estábamos juntos.
Como que todos se resguardaban, alejados de ti y de mi (de nosotros juntos), y ni los relámpagos estruendosos de sus risas nos llamaban la atención.
Esa noche fue la descripción gráfica de mí contigo.
Yo siendo feliz contigo.
Yo, lloviendo contigo.

UN BLOG PARA APRENDER JAPONÉS-IMPROVE JAPANESE

Javier Trejo

Improve Japanese es un blog que está comenzando y que tiene una idea muy genial: Aprender japones desde el inicio. Las entradas que comparten con nosotros tienen gran claridad, uno puede sumergirse en el mundo del japonés de manera sencilla, clara y directa. Los invito a echar una ojeada a este espacio, seguro los engancha.

Pienso que a esta clase de blogs que buscan apoyar a las personas para lograr ciertas cosas, en este caso aprender japonés, pues merecen todo el apoyo posible para crecer. Es por esto que mi manera de apoyar este proyecto es compartirlo con los lectores de enero11 y así, a quienes les gusta aprender idiomas puedan seguir este espacio y compartir el contenido.

Aquí está el blog, sólo hay que dar click sobre la imagen.

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 Improve Japanese

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“Si correspondencias como la de hoy tuvieran lugar en todos mis días, las horas seguramente no serían largas, sino fugaces, esperando el momento del próximo encuentro. Ahora solo sé que me haces falta aquí y ahora. Allí y mañana. Allá y ayer. Hasta que tus ojos vean los míos.”
—Moni Florín Castillo.

Hiato.

Derrotada, dejé de buscar a quien entendiera el mundo como lo hago yo.
¿Quién se fijaría en las estrellas?
¿Quién se dejaría absorber por las nubes?
¿Quién amaría como yo el viento de otoño?
Me resigné a no encontrar lo que siempre había deseado, porque uno n conoce sus deseos más profundos hasta que los tiene enfrente.
Luego él.
Luego yo.
Luego todo.
Luego nada.
Luego lluvia.
Luego sol.
Luego viento.
Luego calma.
Luego ruido.
Luego silencio.
Él es capaz de conversar a través de miradas, y justo en el momento en que creí que perderme ahí, en su mirada, sería mi fin, me dijo que podría perderse en mí por todo el tiempo, y me dejé ir.
Él es capaz de escuchar más allá del ruido, y justo cuando empezaba a quedarme atrapada en el escándalo de la cotidianeidad, me hizo ir más allá de todo, y pude despegarme un segundo de la realidad para escuchar el silencio con él, su silencio repleto de nosotros aparte de todo.
Él es capaz de hacerme brillar más que todas las estrellas que hay en el cielo.
Nombramos las cosas a nuestro propio modo, las hacemos nuestras.
Él conoce los mayores placeres de la vida y los comparte conmigo.
Él ríe conmigo o de mí, y yo río  con él o de él.
Y lo más sorprendente de todo, lo que me hace comenzar a dudar de si esto es real, es que él hizo algo que siempre desee que hicieran.
Como si hubiese logrado traspasar las barreras que construí y hubiere podido leerme.
Pero entre más pienso en lo irreal que suena, más real me parece, más cercano, más tangible.
Y si él existe porque piensa, y si yo existo porque pienso, lo que siento cuando estamos juntos es lo más real que existe y que no existe.
Él comenzó a besar mis cicatrices, y supe entonces que no había marcha atrás.
Quizás viene a hacer reales las cosas en las que dejé de creer.

Ramona “La Hierberita” ilustrada por Isabella

Paola Klug ☾ La pinche Canela ☽

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Este dibujo es creación de una pequeña lunita llamada Isabella Montserrat Meza uribe, ella  tiene once añitos y lo hizo para ilustrar a Ramona -protagonista de mi cuento “La Hierberita”

Isabella ¡muchas gracias preciosa! Ramona está super contenta con tu regalo -al igual que yo- ¡Eres una excelente ilustradora!

Si aun no han leído el cuento, click acá para descargarlo:

https://paolak.wordpress.com/2014/08/02/la-hierberita-cuento-infantil/

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Ensayo sobre el absurdo: Sobre crear.

Ave Literaria

Gracias a Ave Literaria he tenido la oportunidad de conocer a diferentes artistas, de diferentes áreas y con distintos niveles de profesionalización. Al hablar con estas personas no descubrí el hilo negro del arte al llegar a la conclusión de que todo artista necesita apoyo.
Se sorprenderían de la cantidad de personas que desean, piden y hasta exigen que les regales tu obra. Las personas crean por diferentes razones y casi siempre no es con el fin de lucrar, es por un impulso creativo, una necesidad de expresión y amor al arte. Esto último (el amor al arte) no significa que no esperan algo a cambio o que no lo necesitan. Hay quienes crean a partir de la comodidad de una seguridad económica que les permite no preocuparse por esa parte y hay quienes lo hacen a partir de una situación económica precaria y ante la disyuntiva de comer, pagar…

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LOS JUGUETES DE CAÍN – CUENTO CORTO

Javier Trejo

Hay familias que discuten mucho; también las hay que discuten poco. Hay familias donde los hijos son perezosos o las hay donde los padres los son. Se aprende a partir de errores, pero no quiero escribir sobre errores sino de aciertos. Caín era el hermano mayor de Abel. Siempre fueron muy unidos, salían juntos a jugar todos los días.

Caín tenía que cuidar a su hermano, quien era todavía muy pequeño, no era capaz de escalar una montaña o correr cuesta abajo, podría lastimarse. Un día, sus padres labraron a manera de obsequio dos juguetes de madera: Un ave y un ciervo. Aquella noche, al terminar de jugar, los dos niños resguardaron sus juguetes en una repisa. La noche transcurrió y Caín se despertó al escuchar unos sollozos. Se talló los ojos y se incorporó. Preocupado, volteó a mirar a Abel, quien se encontraba llorando.

La cama estaba cubierta por…

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Poema: Sosobra

PROVERBIA

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Una arritmia de pesares

se mece sobre mi vientre

dejandome sentir mariposas

avernales, misteriosas y persistentes

que atormentan a los pecadores

engulliendo remordimientos añejos

y defecando a su paso soledad

debajo de las pieles marcadas

con guallones y raspones

de una vida gozada.

Con cuero cabelludo entre las uñas;

descueradas y mordidas

al fallar manejar el escape

de un trastorno sádico

al que llaman desamor.

—Tomás G. Michel

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Anukia / Calzado Artesanal

Paola Klug ☾ La pinche Canela ☽

Antes de cualquier otra cosa debo contarles una historia:

Érase una vez un niño llamado Juan y una niña llamada Anna que compartían la misma escuela primaria. Juan estaba secretamente enamorado de Anna y muy probablemente a la pequeña Anna también le gustaba Juan; una vez mientras ambos participaban en el clásico chismógrafo escolar, Juan confesó su amor por Anna pero usó un nombre “clave” que solo él entendía para referirse a ella: “Anukia

Pasaron los años y Juan y Anna tuvieron que separarse para continuar cada uno con sus vidas; fueron a otras escuelas, tuvieron otros romances y no fue hasta muchos años después que por casualidad volvieron a encontrarse, pero esta vez Juan pudo decirle a Anna lo que siempre sintió por ella y ella le correspondió…

Bien lindo ¿no? pues así empieza la historia de Anukia.

Ya como novios, Juan y Anna viajaron a Talpa…

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A veces.

Love will tear us apart...

A veces uno amanece con ganas de comerse al mundo, con un poder enorme, con ganas de vivir…Y otras veces el mundo se lo come a uno, llevándose consigo las ganas, el poder, los motivos; y cuando uno ya no encuentra motivos, se deja ir a la nada, y solo existe por existir, sin motivos, sin ganas, esperando algo o a alguien que le devuelva lo que el tiempo y la vida le quitó. En mi experiencia, nada vuelve a ser igual, todo se torna peor, he aprendido que mi mejor compañero es mi cigarrillo de medianoche, pero sigo albergando la esperanza de que alguien me arregle… Algún día, en alguna vida.

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¡Adelante! ¡Destrúyete!
Toma uno y préndelo. Aspira lenta y profundamente, y finge que te salva, que los problemas desaparecen poco a poco de tu vida, que ese sentimiento relaja te es real y perdurará.
Toma otro, y siente cómo el humo llena lentamente tus pulmones, y cómo las sensaciones se extienden a lo largo de todo tu cuerpo, imagínate que al sacar el humo, sacas con él todas las preocupaciones que te estaban asfixiando, cómo por unos cuantos minutos puedes ser tú y sólo tú en el mundo.
Uno a uno, adormécete, engáñate. Enciérrate en ti. Ve guardando esos momentos sólo para ti, sé sólo tuyo, aléjate de todos, y finge que en realidad crees que no los necesitas, que cuando te falta el aire no puedes echarles la culpa. Y realmente no puedes, porque es tuya.
Pero algún día Encontrarás a alguien que te ayude a entender que no es eso lo que te hace sentir bien. Todo lo que necesitas está en ti. Sólo necesitas a alguien que esté dispuesto a entrar en ti, explorarte, y encontrar esas cosas que te saquen a flote.

Petición prematura:

No te vayas. 

Camina conmigo, descubre cómo de repente pierdo el equilibrio. Date cuenta de cómo algunas veces pierdo mi camino y empiezo a zigzaguear.

Toma mi mano, incluso aunque sude, y date cuenta de lo cálido que haces que mi corazón se sienta.

Mira mis ojos, pero eso ya lo haces, y sé lo que te dicen cuando me miras con esos ojos que me dicen que todo va a estar bien. No dejes de mirarme.

Sonríe, mi mundo se ilumina cuando lo haces, y una cosquillas comienza en mi estómago y sube por mi cuerpo hasta convertirse en una sonrisa que es muy tuya, que tú provocas y por la que al mismo tiempo sonríes.

Abrázame, muy fuerte abrázame, como si nada más importara, como si en el templo de tus brazos yo pudiera estar resguardada por el resto de los días, hasta el fin de los tiempos.

Bésame. 

Cuando tus labios chocan con los míos, bailan y encuentran su propio ritmo, y la melodía que crean es lo mejor que he escuchado nunca. Melifluo, le dicen.

Cuando me muerdes, mi corazón se detiene un segundo, y no puedo hacer más que sostener mi respiración y aferrarme a tu cuello.

Nuestras respiraciones se escuchan por sobre todo el ruido.

Encontramos nuevas formas de comunicarnos, y yo quiero encontrarlas todas.

Por eso quédate. Incluso si llueve, o hace calor, incluso si el frío nos quema, quédate.

Quédate.

Bajo la luz artificial y en medio del frío, rodeados de gente, pero absortos en nuestros propios asuntos, creamos un mundo que es nuestro y de nadie más.

Y quizás nadie lo entienda, y amo la idea de compartir cosas que solo sean entre él y yo, que solamente entendamos nosotros, y que hagan de esto lo más grande del mundo.

Sin nombres, solo cosas llenas de colores, sonidos y climas; solo cosas para leer, como miradas, sonrisas, caricias y besos.

Y cuando sus brazos me rodean, todo desaparece, y se siente como si dentro del templo de sus brazos nada pudiera romperme, ni siquiera él.

Y lo que siento no tiene nombre, y sé que le pasa lo mismo, y sé que cuando cantemos al fin, nuestros corazones se sincronizarán y seremos capaces de comenzar a inventar verbos.

Y los participios de esos verbos podremos usarlos de adjetivos, y sustantivos, y nuestro grado de aceptabilidad será alto.

Y lo sentiré respirar junto a mí, y eso será suficiente.

Porque nada hace falta, porque sabemos lo que pasa.

Y al fin puedo atreverme a hablar, y él escucha.

Y él entiende.

Ojalá escuches siempre lo que escucho cuando te escucho.
Ojalá veas siempre lo que te veo cuando te veo.
Ojalá sonrías siempre lo que te sonrío cuando te sonrío.
Ojalá sientas siempre lo que (te) siento cuando tomo tu mano.
Ojalá suspires lo que suspiro lo que te suspiro.
Ojalá sea este el juego sin fin, donde llegamos al cielo y volvemos a empezar.
Conoces el juego.

6 de marzo de 2015.

“(…)y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mí como una luna en el agua.”

Llueves.

Llueven rayos de luz, que se filtran por las grietas de mi corazón.

Llueven tus miradas, que se meten en lo más profundo de mi alma y me obligan a sonreír.

Llueven tus sonrisas, con relámpagos, llenos de una electricidad que me hace temblar.

Llueven tus palabras, formando melodías. Esas melodías que podrías tener de fondo todos los días. Palabras con sueños, palabras con cafés, palabras con deseos, palabras que riegan las semillas de muchas sensaciones, y cuando acaba esa lluvia, puedo cosechar grandes frutos.

Llueve tu risa, con vientos, capaces de tirar todo lo que se encuentre a su paso.

Me llueve tu presencia, incluso aunque no estés aquí.

Me llueve tu esencia.

Me llueve tu ausencia.

Me llueves como llueve cuando llega la primavera. 

Me llueves con esas lluvias que se antojan ciertas tardes.

Me llueves, de esas lluvias que dejan charcos por todos lados, de esos charcos en los que quiero jugar contigo.

Me llueves con ese caos, con ese desastre, que yo ya tenía, pero con el orden justo.

¿Qué sería de un huracán, un desastre natural, sin sus lluvias?

La nostalgia de los parques vacíos.

Todos los días camino por un parque. Día con día me adentro en el césped y camino, y escucho crujir bajo mis pies toda esa vida que espera por un par de pies que le haga existir, que le haga sentir, y lo único que se escucha es eso y el triste cantar de los pájaros, quienes parecen estar cantando ya sin ganas, a sabiendas de que son escuchados solamente por ellos mismos y por sus compañeros pájaros que intentan cantar más fuerte, más bonito, con la esperanza de que alguien lo note.

Nadie lo nota, y esa es la triste verdad.

Volteo siempre a todos lados, en busca de algo, en busca de esa vida que el parque exige y que no obtiene, parece que nadie escucha sus gritos desesperados, como si supiera que su existencia misma dependiese de esos pasos, esos gritos y esa alegría que se supone que le dan los niños.

¿Y los niños?

Seguramente se encuentran en sus casas, en cuartos oscuros que en realidad son jaulas disfrazadas de comodidad, de libertad y diversión. Seguramente juegan con aparatos que yo nunca tuve ni deseé tener cuando era joven, cuando todo lo que anhelaba era que mis padres encontraran un poco de tiempo para mí, para llevarme a jugar.

Entiendo al parque, y me uno silenciosamente a su sentimiento de desolación, de tristeza.

¡Cómo anhelo que los niños vuelvan a ser niños! ¡Cómo deseo que los aparatos vuelvan a ser para al gente adulta, y los parques se desborden de alegría, de aves que tratan de hacerse escuchar más fuerte que las risas, los gritos y los juegos de los niños!

¡Cómo deseo reencontrarme con la sensación de adrenalina al pasar en medio del campo, con el temor de que te peguen un balonazo! 

Caminar por los parques, significa que ahora ya no encontrarás el piso pintado con gises ni ladrillos, no verás las rayuelas pintadas, invitándote al ritual que te lleva directo al cielo, ni ese curioso juego, stop, que tantas sonrisas nos sacaron.

Cada día camino por ese y tantos otros parques, con la esperanza de encontrar otra vez un poco de esa humanidad de la que tuvimos nosotros en nuestra infancia, esa que todavía nos tocó vivir cuando anhelábamos crecer, sin saber que una infancia como la que tuvimos, se extinguiría como tantas otras formas de vida.

Los niños están en peligro de extinción, y lamentablemente no hay asociaciones que se preocupen por preservar esta valiosa especie.

La Palabra

Ave Literaria

Imposible seguir escuchando.
Las palabras nos alejan de donde estamos.

La vista no descansa.
No hay descanso para los ojos.
No hay descanso pues cada texto
evoca un nuevo lugar.
Algo que vive.
Algo que enerva,
que se mueve
y trasciende la hoja
sin hogar que lo acoja.
No le queda más que la mirada,
los ojos del espectador cautivo.

Las palabras pueden hacerte sentir,
pueden darte mundos y mentiras,
realidades y desventuras.
Siéntelas hablar
a través de mí,
a través de ti;
como si todo lo que deseo
es esta palabra
concentrada en este día,
en esta hoja, una parte de mi interior.

Todo es el deseo que trasciende 
la nada de la hoja, del ojo
del observador que busca
lo que se desvanece en el aire,
que me abarca como si me pudiera romper.

-Ave Literaria

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El fin de los tiempos.



Pero nunca la tocaba. Apenas su mano la rozaba por accidente, ella se estremecía desde lo más hondo, profundo y puro de su ser, y un suspiro se atoraba en su garganta. Quizás para él fuera normal, natural que con el movimiento natural de sus manos, alguna vez le tocase, tal vez para él eso no significaba demasiado, pero cualquier tipo de interacción, cualquier tipo de contacto físico, por breve, veloz o imperceptible que fuera, era para ella como una descarga eléctrica que recorría todo su cuerpo, que la llenaba de energía y sentía cómo sus terminaciones nerviosas ardían por un largo rato, cómo se volvían a activar cuando el viento tocaba su piel y ella podía imaginar nuevamente la sensación de su piel pegada a una piel que no era propiamente suya, pero que quería conocer, que quería reconocerla como propia, conocer la textura de cada milímetro, y que llegado un momento, el contacto de esas dos pieles no fuera extraño, pero al mismo tiempo, que cada vez que se tocasen sintiera esa misma sensación.

Esa era una de las razones por las que ella tampoco lo tocaba. Ella no se atrevía a rebasar la barrera del espacio personal para tocarlo. Jamás había hecho siquiera un intento. ¿Por qué? Por miedo a que, en cuanto su piel se acostumbrara al contacto de otra piel, ella dejaría de tener esa sensación que la hacía desarmarse, deshacerse en sí misma y que la hacía desfallecer y al mismo tiempo sentirse más viva que nunca. Tenía el temor de que al tocarlo, el hechizo que los envolvía en una atmósfera bastante extraña y agradable, se rompiera, y que jamás pudiera sentirse de esa manera. Sentía que su vida se acababa cada vez que imaginaba eso, porque aunque no lo quisiera así, ella se sentía viva por él. Viva como nunca antes.

Lo que ella no sabía, y que ni siquiera se imaginaba, era que esos pequeños roces “accidentales” que se daban siempre, sin importar si caminaban o estaban sentados, en realidad no eran accidentales. La verdad era que él analizaba cada aspecto, calculaba a qué velocidad y a qué distancia moverse para que pudiera tocarla sin que se viera como un gesto desesperado, esa hambre que sentía y que sólo podía saciarse cuando la tocaba, y sobre todo, cuando la veía encogerse sólo un poco, gesto que nadie más, en todo el universo, podía notar, excepto él, que la conocía mejor que a nadie, incluso que a sí mismo.

Y quizás esos pequeños toques fueran en realidad la mayor prueba de algo grande, algo que los dos buscaban sin saberlo, y que en realidad habían encontrado desde la primera vez que sus miradas se tocaron, se acariciaron desesperadamente. Porque aunque no lo sentían como tal, sus ojos eran muy íntimos. Se unían a menudo, danzaban, charlaban, reían y lloraban juntos, y se tocaban, se acariciaban lentamente, se enamoraban mutuamente.

Quizás, y no me atrevo a afirmarlo, eso fuera el amor. Tal vez se amaban, y tan vez lo habían hecho desde siempre, y tal vez lo harían para siempre.

Lo único que debían hacer para sellar ese pacto tácito, esa promesa que ni siquiera debía pronunciarse en voz alta, era tocarse. Debían tocarse, tomarse, sentirse. (Re)conocer esa piel que en realidad siempre habían conocido, pero más que la piel, entrar en contacto directo, a través de algo tan efímero como el contacto físico, con eso que todos se empeñan en llamar “alma”. Y cuando sus almas por fin pudieran enlazarse, la vida como la conocían terminaría para siempre.

El día que la tocara, el mundo colapsaría, el universo terminaría; y, en su piel, la vida renacería.

El ocaso.

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Todo en ella era un caos: su cabello con nudos, despeinado, el viento amaba jugar con él; sus uñas pequeñas y mordidas, víctimas de sus momentos de ocio, de sus nervios, de sus tristezas; sus labios estaban partidos, mordidos por todas esas veces que luchó contra las ganas de llorar; en sus muñecas y en sus piernas…, bueno, ahí estaba lo más duro, las marcas de todas esas batallas que seguramente había perdido, de todas esas veces que se sintió sola, de todos esos momentos en los que quería olvidarse de otros tipos de dolores. En su piel habían cicatrices, de caídas, de accidentes, de recuerdos, de la vida. Tenía lunares, claro, pero no los suficientes como para hacer que alguien se quedara a contarlos para siempre, nadie podría contar eternamente. Sin embargo, sus cicatrices eran galaxias por sí solas, y dentro de ellas se escondían miles de verdades disfrazadas de planetas.
Y en todo ese desastre, nadie deseaba perderse.
Escondía sus miedos bajo una gran sonrisa, hasta que un día, llegó alguien que se dio cuenta de esto. No por el desastre notable, en el que quería hacer creer que nada importaba; no por las cicatrices imperceptibles a los ojos de los escépticos que no quieren ver más allá de la superficie; ni siquiera por las cicatrices…
Fueron sus ojos los que la delataron. Ni siquiera ella lo sabía, pero en sus ojos se veían todas sus tempestades, tormentas, huracanes, tornados… Sus ojos eran por sí solos un desastre natural.
Había días en que sus ojos brillaban como brilla el sol, y como si fuera el sol, todo su ser se iluminaba, y había también días en los que no lograba que su sonrisa contagiara a su mirada, como si los faros de las calles quisieran iluminar un cielo sin luna, sin estrellas. A veces, sus ojos parecían la luna, silenciosos y melancólicos, ¡cómo le gustaba que sus ojos fueran la luna!, pues teniéndolos enfrente en una buena noche, no necesitaría fijarse en las estrellas. Y otros días, muchos días, sus ojos eran devastadores; nublados y tempestuosos, tristes y desastrosos, y cada tormenta era diferente a otra, jamás sus ojos dicen lo mismo que antes, o que después, ella tenía esa forma de expresarse, y eso lo enloquecía, lo hacía perderse, pues de pronto se convertían en laberintos de preguntas que parecían no tener respuestas.
Ella no decía nada, sólo veía y sonreía, y nunca contaba sus pesares, y a él eso le encantaba, se le ocurría que si algún día lograba descubrir el secreto de su propio universo, lo dejaría entrar.
Decidido, comenzó a acercarse a ella, y luchaba contra sí mismo para no perderse, aunque sin mucho éxito. Descubrió que, algunas veces, su sonrisa era auténtica, y a pesar de la lluvia, el sol salía a relucir, formando bellos arco iris hechos no sólo de color, sino también de instantes que ella, sin revelarlo, guardaría en algún lugar oculto, justo en el ojo del huracán, donde la calma se encierra justo en medio del peor desastre, donde nadie nunca se había atrevido a llegar, y que ella confiaba que nadie cruzaría la barrera.
“Déjame entrar”, suplicaba el joven a veces, pero sólo con la mirada, y a ella el corazón se le apretaba, y en su garganta se formaba un nudo, y la lluvia comenzaba a materializarse, entonces respiraba hondo, sonreía, y como si sólo con los ojos pudieran hablar, y podían, lo miraba como diciendo que sólo haría que se perdiese. Le quería, y la asustaba. De alguna forma, él estaba cruzando, lentamente, todos sus desastres naturales, y se acercaba cada vez más a lo que todos llaman “el corazón”. Y él, también, sin saberlo, le quería, y haría cualquier cosa para detener su dolor.
Y así estuvieron muchos días, tan cerca y tan lejos, afuera y adentro, se iluminaban como el sol ilumina a la luna, pero ninguno se atrevía a seguir, así que como el sol y la luna, su colisión no era posible.
Pero un día, ella se rompió, y no pudo ocultarlo. Bastó mirarlo a los ojos para dejar caer toda la lluvia contenida en sus pesadas nubes, para desarmarse. Sus brazos subieron por su cuerpo, como enredaderas, y como enredaderas se aferraron al cuello de su amado, y él, confundido, no supo cómo reaccionar, así que le rodeó la cintura con los brazos, e inclinó su rostro, de modo que pudiera respirar el aroma de su cuello… La reacción espontánea y perfecta.
Desesperado, se separó un segundo de ella, quien desconcertada lo miró, creyendo que se alejaría, que huiría, y se arrepintió de haber permitido la viera como realmente era. Pero entonces, de un momento a otro, él tomó su rostro entre sus manos, firmemente, y al mismo tiempo, como si de una delicada flor se tratara, como si no quisiera herirla, despojarla de sus pétalos. Con sus pulgares, quiso detener las cascadas de agua salada que caían por su rostro, y lentamente se acercó a ella.
La besó.
Lenta, pero apasionadamente, la besó, y una explosión de sensaciones los invadió, y sus labios chocaban una y otra vez, y se acariciaban con ternura, y a veces casi con rabia, y el beso pudo durar un minuto o una eternidad, y para ambos se sentía como algo natural, como algo que era y tenía que ser.
Y después del extraño fenómeno que se había producido, se miraron a los ojos una vez más, pero sabían que esta vez era diferente.
Y cuando creía conocerla mejor que nadie, cuando creía que podría detener la tempestad, se encontró con unos ojos como de atardecer. No llovía, no, pero las nubes amenazaban con soltar su carga nuevamente, y simultáneamente, los colores detrás de las nubes eran alegres, los colores que se encuentran solamente en el cielo y en ningún otro lugar en el instante preciso, antes de que el sol se oculte por el horizonte, dando paso a la oscuridad y a la luz de otros astros. El caos estaba como en pausa, pero también la calma, ¿o así se ve la calma?
Comprendió entonces que no podría, jamás, deshacerse del mal clima, pero por instantes como ese, en ese inmenso, hermoso, nublado pero colorido atardecer, el cruzaría mil tornados, él estaría en medio de todo el frío, de toda la lluvia, de todo el caos, sólo para verla sonreír así, sólo para ver su ocaso llegar.

Campaña contra el amor hacia los lunares.

De repente todos hablaban de enamorarse de lunares, de pecas, de esas pequeñas marcas que parecen capaces de enamorar a alguien, de hacer que ese alguien se quede. ¿Qué pasa con las personas que tenemos cicatrices, cortadas, estrías? ¿No somos dignos de amar? ¿Alguna vez habrá alguien que las cuente, que las ame? ¿Acaso no saben que las constelaciones que ocultan son invisibles hasta conocer la historia de su nacimiento?

Renacer.

Acércate a mí, tócame, no imaginas lo mucho que anhelo tu contacto,  sentir tu calor en mi piel, que la sensación recorra todos los caminos que mi sistema nervioso forma. Mira mis ojos, no apartes la vista, no me prives de la calidez de tu mirada, de sentir cómo tus oscuros ojos, de café amargo, van llenando cada parte vacía de mi cuerpo, proporcionándome la calidez y energía que necesito para seguir.
Sonríeme, haz ese gesto para mí, deja que me contagie, deja sentir que ese impulso que te hace sonreír salte hacia mí, que tua ojos entre cerdados y tu bella sonrisa ne hagan sentir esa cosquilla en el estómago que me obligue a reírme de felicidad pura.
Hechízame, hazme creer.
Sálvame, hazme caer.
Sálvame, hazme sentir.
Sálvame, hazme volver.
Sálvame, hazme vivir.
Sálvame,  hazme tuya.

Our Place

Tomemos nuestras cosas y vayamos a otro lugar.
Emprendamos una aventura.
Tú, yo, y lo que más nos importa: un par de libros, música, tabaco y lo que haga falta para sobrevivir, para estar bien. Algo me dice que no importa si no llevo nada, porque contigo todo está bien.
No importa cuánto recorramos, jamás será lo suficientemente lejos.
Encontremos un lugar para estar, y hagámoslo nuestro. Cambiemos todo, de forma que sea nuestro lugar.
Incluso si nos encuentran, si nos atrapan, ese lugar será siempre nuestro.
Siempre quedará el recuerdo de los dos en ese preciso lugar, en ese preciso instante.
Y algún día, ese lugar no será más como lo recordamos, pero no hará falta volver, porque siempre podemos hacer que cualquier lugar parezca nuestro, que cualquier lugar sea nuestro.
Podemos recorrer todos los kilómetros del mundo, y yo te seguiría de cerca, porque al final, no importa qué lugar esté bajo nuestros pies, mi lugar favorito siempre es al lado tuyo.

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Muerta en vida.

Traté de echarle la culpa a él, el hombre al que le di todo y creí que me había dejado sin nada, o al menos eso me esforzaba en creer.
Traté de echarle la culpa a la edad, donde se supone que esas cosas pasen y todos los sentidos,lentos y emociones se revuelven, provocando un huracán de confusión.
Traté de echarle la culpa a la vida, por no darme lo necesario, como a todos los demás.
Traté de echarle la culpa al karma, por cobrarme a mí los errores de otros, y por no cobrarle a los demás tantas cosas.
Pero luego, cuando se me acabaron las ideas, en plena soledad, en medio del silencio que se formaba entre tantas voces que parecían no decir nada, me di cuenta de que no era culpa de alguien, específicamente.
Y me di cuenta de que quería morir.
Tenía la sensación de que no era algo, sino alguien, y ese alguien era yo misma.
Me sentía rota e irreparable, y como cualquier cosa rota, me sentía inútil. Incapaz de hacer algo bien, me fui alejando de mis sueños, de mis metas, y dejé de creer en todo lo que me mantenía de pie.
Nadie me quería, y ni siquiera yo misma lo hacía.
Estaba vacía.
Nada me emocionaba como antes, y al parecer nada lo haría nuevamente.
No amaba y no era amada.
Nadie me veía con esa calidez que mi frío corazón necesitaba para volver a latir, para volver a su alocado ritmo, y yo tampoco veía a nadie de esa forma.
Muchos momentos estaban llenos de nada, de una sensación de vacío que me aterraba, que me llenaba de unas inmensas ganas de llorar, pero que no me dejaba encontrar motivos para hacerlo, dejándome con la terrible sensación del nudo en la garganta.
No podía dormir tranquilamente, tenía pesadillas.
Y al rededor, el mundo seguía. Era como si para mí el tiempo no corriera, como si fuera más lento, dejando que todas esas sensaciones que en realidad no sentía se apoderaran de mí.
¿Se puede estar muerta en vida?

138💔

A la Maga y a mí nos ocurre a veces profanar nuestros recuerdos. Depende de tan poco, el malhumor de una tarde, la angustia de lo que puede ocurrir si empezamos a mirarnos en los ojos. Poco a poco, al azar de un diálogo, que es como un trapo en jirones, empezamos a acordarnos. Dos mundos distantes, ajenos, casi siempre inconciliables, , entran en nuestras palabras, y como de común acuerdo nace la burla. Suelo empezar yo, acordándome con desprecio de mi antiguo culto ciego a los amigos, de lealtades mal entendidas y peor pagadas, de estandartes llevados con una humilde obstinación a las ferias políticas, a las palestras intelectuales, a los amores fervorosos.
Me río de una honradez sospechosa que tantas veces sirvió para la desgracia propia o ajena, mientras por debajo las traiciones y las deshonestidades tejían sus telas de araña sin que pudiera impedirlo, simplemente consintiendo que otros, delante de mí, fueran traidores o deshonestos sin que yo hiciera nada por impedirlo, doblemente culpable. Me burlo de mis tíos de acrisolada decencia, metidos en la mierda hasta el pescuezo donde todavía brilla el cuello duro inmaculado. Se caerían de espaldas si supieran que están nadando en plena bosta, convencidos el uno en Tucumán y el otro en Nueve de Julio de que son un dechado de argentinidad acrisolada (son las palabras que usan). Y sin embargo tengo buenos recuerdos de ellos. Y sin embargo pisoteo esos recuerdos en los días en que la Maga y yo teníamos la mufa de París y queremos hacernos daño.
Cuando la Maga deja de reírse para preguntarme por qué digo esas cosas de mis dos tíos, me gustaría que estuvieran allí, escuchando detrás de la puerta, como el viejo del quinto piso. Preparo con cuidado la explicación,porque no quiero ser injusto ni exagerado. Quiero también que le sirva para algo a la Maga, que jamás ha sido capaz de entender las cuestiones mortales (como Ettiene, pero de una manera menos egoísta; simplemente porque sólo cree en la responsabilidad en presente, en el momento mismo en que hay que ser bueno, o noble,; en el fondo, por razones tan hedónicas y egoístas como las de Ettiene).
Entonces le explico que mis dos honradísimos tíos son unos argentinos perfectos como se entendía en 1915, época cenital de sus vidas entre agropecuarias y oficinescas. Cuando se habla de esos «criollos de otros tiempos», se habla de antisemitas, de xenófobos, de burgueses arraigados a una nostalgia de la estanzuela con chinitas, cebando mate por diez pesos al mes
—Rayuela, Julio Cortázar.