La Bruja de la Escondida — Paola Klug ☾ La pinche Canela ☽

Dedicado a los alumnos de la Telesecundaria 679 de San José Iturbide y al profesor Alejandro Almanza. Gracias por su amor, siempre los tengo en mi corazón. I Su madre murió de resultas cuando ella nació; el único recuerdo que tenía de ella era el olor a hierbabuena. María Jerónima siempre creyó que así olían […]

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Las horas. (Sin {sen}ti{do})

A veces despierto y me encuentro con que tu lugar está vacío.

Junto a mí sólo está tu almohada y el lugar vacío y frío que dejaste atrás, apresurado.

Me imagino que no volteaste siquiera a ver si seguía dormida, me imagino que te apresuraste a vestirte y saliste corriendo, casi con los zapatos desatados por la prisa, y que no me diste ni una caricia.

Me imagino cómo subes al transporte y te olvidas de mí, del calor de la cama que acabas de dejar, y te odio.

Te odio todo el día.

Pienso en ti en incontables momentos y te odio porque pienso que tú no me recuerdas.

A veces lloro de coraje. Puro coraje. Grito y gruño y me propongo no pensar en ti. Y fallo.

Después te extraño.

Los recuerdos me golpean.

Y te extraño más.

Y luego más.









Y al final del día, cuando estoy a punto de convencerme de que no, que no te quiero y no te necesito, llegas y sonríes. 

¡Esa maldita sonrisa!

(Me), (te).

Perder (  )
Encontrar (  )
Quizás de eso se trata.
De buscar (  ) y encontrar (  ) en los lugares menos pensados.
Inmersa en ti, perdida, perdiendo, ganando, encontrado.
Perdida (en ti/por ti)
Perdiendo (me)
Ganando (nos)
Encontrando (nos)
De eso se trata. De los crucigramas en las tardes, de los errores y de borrarlos, de la rayuela invisible, del juego sin reglas.
De las escondidas donde quien es encontrado en realidad gana.
De mi mundo al revés contigo.
De nuestro mundo al revés.

Te extraño la sonrisa y las caricias, pero sobre todo las miradas.
Te extraño las risas y las bromas, pero sobre todo los suspiros.
Te extraño la voz y las palabras, pero sobre todo los silencios cómodos y prolongados.
Te extraño la piel, te extraño los besos, te extraño los planes y no hacerlos.
Te extraño las lecturas.
Te extraño junto a mí.

Lloviendo.

Salimos de ahí a la oscura noche lluviosa.
Salimos tomados de la mano aferrados a nuestras manos, y comenzamos a caminar en silencio.
Y llovía.
Las calles estaban desiertas y tranquilas, aunque a veces esa tranquilidad se veía turbada por automóviles o personas que desaparecían en pocos segundos.
Yo sonreía.
Tú me llovías.
Así era como veía al mundo últimamente: desierto.
No desierto como una soledad inmensamente triste, sino como una tranquilidad inmensamente hermosa a tu lado.
Como que el mundo llovía siempre que estábamos juntos.
Como que todos se resguardaban, alejados de ti y de mi (de nosotros juntos), y ni los relámpagos estruendosos de sus risas nos llamaban la atención.
Esa noche fue la descripción gráfica de mí contigo.
Yo siendo feliz contigo.
Yo, lloviendo contigo.

SOMBRA EN EL ALMA – CUENTO CORTO

enero11

—Insomnio, migraña, dolor abdominal, cuerpo cortado, náuseas, fiebre, flujo nasal, piel reseca, alergia… ¿Qué tengo, doctor?

—Es algo complicado, siéntese, póngase cómodo. Se trata de una rara enfermedad: Usted tiene una sombra en el alma.

—Y… ¿qué es eso?

—Una especie de fractura psicológica generada por un trauma severo… La pérdida de un ser querido, algo que dejó pendiente, una experiencia al borde de la muerte, sufrir un desengaño; la causa es diferente en cada persona y también los síntomas varían.

—¿Cómo se alivia?

—No puede aliviarse.

—Entonces, ¿qué debo hacer?

—Con el tiempo la sombra se borra y los síntomas desaparecen.

—Mmmm… ¿Tiene que borrarse o puedo conservarla?

El doctor se mostró confundido.

—El malestar podría empeorar. Los síntomas físicos cederían, pero luego ocurriría algo peor. Esa sensación de vacío crecería a dimensiones inimaginables. El sentimiento de soledad se volvería recurrente, además, los anhelos y la frustración no le…

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