Tengo una carta escrita.

Está mirándome desde el cajón en que la tengo escondida.

Está escrita, pero no recuerdo por quien. Diría que por mí, pero no lo creo.

Recuerdo haberla escrito, pero me parece tan ajena, y no se parece en nada a lo que siento ahora.

No puedo decir, sin un dejo de duda, que fue escrita de mi puño y letra, aunque la verdad es que sí es mi letra, y recuerdo el momento en que mis manos se pasearon por esas hojas y mi puño se manchó de la tinta que tenía impresa mi alma propia, el alma que te regalé.

Es posible que esta carta la hubiera hecho yo. Si la hice yo, si la hizo cualquiera, fue escrita para ti.

Es por eso mismo que no voy a dártela.

Se quedará mirándome diariamente, silenciosamente, desde ese cajón donde guardo las cosas con las que no quiero lidiar.

Porque por mucho que tiene tu nombre, por mucho que haya sido hecha completamente pensando en ti, tú no eres ya la persona para quien fue escrita.

Abre tus alas

Gota de lluvia

sobre el árbol caído,

toda una tormenta

a tu alrededor.

Todo derrumbado

tu mundo destrozado,

ya no hay esperanzas,

la suerte te ha olvidado.

Te entiendo pequeña gota,

del elemento que dan vida,

sé que es irónico

pero quiero contarte algo.

Tal vez el sol no sale más,

tal vez las aves no cantan,

pero ahora traigo la luz

que a un nuevo camino te guiará.

Toma el destello que te ofrezco,

traza tu propio camino,

no te dejes vencer,

aún el sol brilla en otro lugar.

No llores más,

no sufras ya,

que si llegas a caer

yo te ayudaré.

Levanta tu mirada

a donde la luz del sol estaba,

le prometo a tus ojos

que algún día regresará.

A pesar de la penumbra

y la obscuridad que te cubre,

he encontrado tu belleza

distinta y sin igual.

El negro que ante mis ojos

se vuelve el más bello blanco,

donde los cuervos 

se vuelven aves blancas.

Si, lo he logrado,

entender la oscuridad, 

pues sé por lo que pasas

y lo acepto totalmente.

Te estrecho mi mano

ser de luz,

con la más bella mirada

que jamás haya visto.

No llores más,

no sufras ya,

que la primavera

cercana está.

La flor de tu corazón

renacerá una vez más,

las cadenas que te han puesto

para siempre romperán.

Abre tus alas

emprende el vuelo

sólo me queda decir

que creo en ti.

—Ghibek Peláez.