Costumbres

Han pasado muchas cosas que me gustaría mucho contarte.
Me gustaría decirte que conocí a muchas personas, y contarte un poco de cada una. Me gustaría describirte a cada persona, físicamente y cómo son, cómo se comportan, además de algo acerca de cada uno, algo que me hayan contado. Me gustaría tratar de imaginar con quien podrías llevarte bien y a quien no soportarías. Quisiera hablarte del raro del salón, y tal vez que te burlaras un poco. Me gustaría decirte a qué lugares he ido y qué he hecho ahí,  y con quien, que a pesar de que había estado en esos lugares muchas otras veces, ahora se siente diferente.
Me gustaría mucho contarte cómo son mis profes, cuales son mis materias,  y describirte el lugar escondido que descubrimos. Ocultaría que ya les he hablado de ti, porque sé que no debería, que te nombro cada vez que tengo la oportunidad,  y que la oportunidad llega seguido. Ocultaría también que hoy casi lloro cuando me preuntaron por ti. No dijeron tu nombre, porque no lo saben, pero yo sólo podía recordarte.
Te diría,  tal vez, que hay cosas en ellos que me recuerdan a ti, pero que al mismo tiempo nadie es como tú. Quisiera contarte las cosas que me han dicho, y que yo he dicho. Te hubieras reído del primer oso que hice, o al menos eso me hubiera gustado. Te hubiera contado que extraño a mis amigos, pero no tanto.
Tú hubieras dicho que te alegras por mí, y que esto era para mí,  o al menos eso creo.
Me hubieras animado a seguir.
Yo hubiera sentido tu apoyo. Que me levanto contigo dentro de mí,  aún siendo parte de mi historia.
Me había acostumbrado a hacer todas esas cosas. Porque a veces te acostumbras al cariño. Me acostumbré a tu presencia,  a tus palabras, a tus expresiones.
Me acostumbré a tenerte conmigo.
Y ahora que no te tengo, hacer todo esto se siente vacío.