Tengo una carta escrita.

Está mirándome desde el cajón en que la tengo escondida.

Está escrita, pero no recuerdo por quien. Diría que por mí, pero no lo creo.

Recuerdo haberla escrito, pero me parece tan ajena, y no se parece en nada a lo que siento ahora.

No puedo decir, sin un dejo de duda, que fue escrita de mi puño y letra, aunque la verdad es que sí es mi letra, y recuerdo el momento en que mis manos se pasearon por esas hojas y mi puño se manchó de la tinta que tenía impresa mi alma propia, el alma que te regalé.

Es posible que esta carta la hubiera hecho yo. Si la hice yo, si la hizo cualquiera, fue escrita para ti.

Es por eso mismo que no voy a dártela.

Se quedará mirándome diariamente, silenciosamente, desde ese cajón donde guardo las cosas con las que no quiero lidiar.

Porque por mucho que tiene tu nombre, por mucho que haya sido hecha completamente pensando en ti, tú no eres ya la persona para quien fue escrita.

Día(s) de (la terrible) incertidumbre.

Te he conocido bajo la lluvia

y en los fríos inciertos que suceden en primavera.

Te he conocido entre las flores

que despiertan y se abren todas las mañanas de verano

y también cuando las hojas 

hacen sonar los pasos de los amores

apresurados.

Te he conocido en la oscuridad

valiendome de mis manos

para reconocer tu rostro.

¿Por qué, entonces, 

amor mío,

en días como estos,

en que la brisa acaricia mis mejillas

y una suave llovizna recorre tranquilamente ni espalda,

no te conozco, y me siento a pensar

mientras las nubes pasan,

mientras  el sol recorre el cielo,

que hace mucho que no 

nos conocemos?

¿Cuando vas a volver a encontrarme?

Presagio.

Mi pecho ardía, pero debía seguir corriendo a pesar de ello, a pesar de todo, o algo terriblemente pasaría. Lo sentía por todos lados, esa sensación de que algo terrible se acerca, pero ese algo no era para mí.
Era para él.
Yo corría tan rápido como podía, luchando contra mis piernas que suplicaban por un descanso, contra mi corazón que estaba a punto de salirse de su lugar, luchaba en contra del dolor porque no podía permitir que nada le pasara.
¿Pero quien era él?
Volteé a mirarlo, en parte para asegurarme de que se encontraba bien, pero sobre todo, de que seguía conmigo., pero la verdad quería ver su rostro, pero no pude hacerlo. Cada vez que intentaba ver su rostro, algo lo impedía, y esta ocasión fueron mis propios ojos, quienes compartían el cansancio de todo mi cuerpo y comenzaron a ver borroso. Respiré hondo y seguí adelante, siempre adelante.
No tenía idea de quien era él, pero le conocía. Su presencia me hacía moverme por inercia, y debía correr por mi vida, pero sobre todo por la suya. Sentía su mano enganchada a la mía, tan cálida, tan conocida, pero también sentía como si la tomara por primera vez, y tal vez así era.
Quería detenerme y preguntarle su nombre, o por qué lo protegía de esta manera, por qué me sentía obligada a correr por él, aunque ni siquiera por mí correría, pero no podía o algo terriblemente malo sucedería, ¿pero qué? ¿Por qué?
De pronto escuchamos pasos ajenos a los nuestros, fuertes pisadas que trataban de igualar o incluso rebasar nuestra velocidad, cada vez más cerca, más cerca, y la desesperación crecía dentro de mí, y su mano se apretaba más a la mía, y su respiración agitada era de alguna manera un gran alivio, porque seguía conmigo.
Decidí dar vuelta en algún lugar.
Mala idea.
De pronto el paisaje cambió y estábamos acorralados. Ellos se acercaban cada vez más y nosotros no teníamos a dónde huir.
Corrí hacia el frente, y el olor a sal me golpeó de pronto.
Un acantilado nos aguardaba al frente, y ellos se acercaban cada vez más, y temía que lo que ellos pudieran hacernos fuera peor que saltar. Y lo era, seguramente lo era.
Me detuve y él hizo lo mismo, y una tormenta de arena me impidió ver su rostro una vez más.
No podíamos hablar pues nos faltaba el aire, por lo que su voz tampoco pude conocerla (o reconocerla), pero incluso si no podía saber quien era, yo me sentía como yo misma a su lado, y haría cualquier cosa para protegerlo, y era lo que iba a hacer.
Ellos se acercaron cada vez más, y por alguna razón no parecían cansados. No recuerdo sus rostros, pero puedo ver sus sonrisas siniestras, burlonas, que me hacían confirmar que definitivamente nos esperaba lo peor.
Él me soltó y yo me quedé helada, sin saber qué hacer. Me acerqué a ellos, sin una idea pero esperando poder ayudarlo, pero él se alejaba de mí y supe lo que iba a hacer.
Iba a lanzarse.
Aterrada, me di la vuelta y pude ver su espalda en el momento exacto antes de que cayera. Un grito lleno de terror salió de mi garganta y mis ojos se llenaron de lágrimas.
¿Quién eres? ¿Por qué haces eso?
En un último intento corrí hacia él y me lancé también, dejando de lado mi miedo a las alturas y que no sé nadar, y traté de alcanzarlo, traté de tomar su mano o aferrarme a él pero no pude alcanzarlo.
Lo vi caer dentro del agua, y cerré los ojos con fuerza, esperando el impacto.
Entonces, de golpe, desperté. Mi corazón seguía palpitando con fuerza, y mis mejillas y cuello estaban empapados en lágrimas.
Otra vez este maldito sueño.
Tenía una sensación extraña, como cuando tienes un deja vu, pero a la vez, sabía que esto aún no había pasado, y casi con seguridad sabía que esto sucedería, y estaba aterrada.
No pude ver su rostro, nunca puedo hacerlo, pero mi desesperación por salvarlo a pesar de ello era tal que me di cuenta de que cuando lo encontrara, haría lo que fuera por mantenerlo con vida.
Sólo tengo que hallarlo, o algo terrible va a ocurrirle, y no puedo permitirlo.

Recuerdos. (I) El beso.

Nuestro primer beso, el más perfecto, el mejor de mi vida.

Yo cubría mis ojos con con mis manos, pero podía verte a través de las ranuras entre mis dedos.
Sonreías.
Sonreías y me veías de cierta forma que me cuesta tanto describir. Nadie más me ha visto de esa forma, y, si te soy sincera, no quiero que alguien más lo haga, porque en ese preciso instante, tu mirada me dijo todo lo que necesitaba saber.
Me pedías que descubriera mi rostro, y sonreías, y yo trataba de cubrir mi sonrisa,  pero esperaba que notaras lo feliz que me sentía, y a veces jalabas mis brazos, y otras tantas me tomabas de la cintura.
Y yo temblaba.
Tu tacto, tu presencia, tu aroma, tu mirada, tu sonrisa… mi cuerpo se sentía ligero, emocionado, repleto de tantas sensaciones…
Yo era la pólvora y tú eras el fuego.
Te inclinabas hacia mí, y mis terminaciones nerviosas se activaban al instante.
Bésame, pensaba, bésame de una vez, déjame probarte.
-Por favor -dijiste-, descubre tu rostro.
Y eso hice, sonriendo,  y ahora nada me impedía admirar tu sonrisa, esa sonrisa que tanto amo, esa sonrisa que era mía…
Sonreíste aún más, y yo hice lo mismo. Tus ojos brillaban y te veías feliz, mi corazón se alegraba porque era por mí, era gracias a mí. Mi pulso era tan veloz como era posible, y temblaba, de nervios,  de miedo, de felicidad, y de todas las cosas que me inundaban en ese momento.
Poco a poco acortaste aún más la distancia,  sonriendo, sonriendo, y temía que pudieras escuchar a mi agitado corazón. Nuestros ojos no se apartaban los unos de los otros, conectados fuertemente.
Tu mirada.
El contacto no se rompió hasta que mordiste tu labio inferior.
Carajo, no hagas eso, yo quiero hacerlo.
Tomaste mi barbilla con una mano, y después acariciaste mi mejilla con la otra, y al mismo tiempo te inclinabas poco a poco.
Yo sonreí. Te amaba tanto y llevaba deseando besarte desde siempre. Te amo tanto y desearía poder besarte hasta que el mundo se extinguiera.
… si tan sólo siguieras conmigo…
Sonreíste de vuelta, y yo incliné un poco mi cabeza. Y ese instante ne parece eterno, porque lo es.
Tus labios al fin se juntaron con los míos, suavemente, lentamente,  amorosamente…
Tus labios, suaves, tiernos, temblorosos, se unieron con los míos y yo podría jurar que es ahí a donde pertenecen, que eres la mitad perdida que tanta falta me hace.
Nuestros labios se acoplaron, y comenzaron a moverse a su propio ritmo.
No sé cómo, pero mis manos estaban alrededor de tu cuello, y tus manos alrededor de mi cuntura, y entre más tiempo pasaba, más fuerte se hacía el abrazo y más corta se hacía la distancia.
Fue nuestro primer beso. El único que me importa, y de los pocos que serán inolvidables para mí.
Los únicos inolvidables son los tuyos.
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Costumbres

Han pasado muchas cosas que me gustaría mucho contarte.
Me gustaría decirte que conocí a muchas personas, y contarte un poco de cada una. Me gustaría describirte a cada persona, físicamente y cómo son, cómo se comportan, además de algo acerca de cada uno, algo que me hayan contado. Me gustaría tratar de imaginar con quien podrías llevarte bien y a quien no soportarías. Quisiera hablarte del raro del salón, y tal vez que te burlaras un poco. Me gustaría decirte a qué lugares he ido y qué he hecho ahí,  y con quien, que a pesar de que había estado en esos lugares muchas otras veces, ahora se siente diferente.
Me gustaría mucho contarte cómo son mis profes, cuales son mis materias,  y describirte el lugar escondido que descubrimos. Ocultaría que ya les he hablado de ti, porque sé que no debería, que te nombro cada vez que tengo la oportunidad,  y que la oportunidad llega seguido. Ocultaría también que hoy casi lloro cuando me preuntaron por ti. No dijeron tu nombre, porque no lo saben, pero yo sólo podía recordarte.
Te diría,  tal vez, que hay cosas en ellos que me recuerdan a ti, pero que al mismo tiempo nadie es como tú. Quisiera contarte las cosas que me han dicho, y que yo he dicho. Te hubieras reído del primer oso que hice, o al menos eso me hubiera gustado. Te hubiera contado que extraño a mis amigos, pero no tanto.
Tú hubieras dicho que te alegras por mí, y que esto era para mí,  o al menos eso creo.
Me hubieras animado a seguir.
Yo hubiera sentido tu apoyo. Que me levanto contigo dentro de mí,  aún siendo parte de mi historia.
Me había acostumbrado a hacer todas esas cosas. Porque a veces te acostumbras al cariño. Me acostumbré a tu presencia,  a tus palabras, a tus expresiones.
Me acostumbré a tenerte conmigo.
Y ahora que no te tengo, hacer todo esto se siente vacío.

Cambios.

Antes, él preguntaba “¿cómo estás?”, y yo siempre decía “bien”… pero él sabía que no era verdad. Él podía darse cuenta, a diferencia de todas las personas que estaban cerca de mí, y solía insistir para que le dijera qué me pasaba, y eso era amor, ¿no?.
Sucede que ahora, cuando yo digo “bien”, él sigue como si nada.
Tal vez ya no se da cuenta, o tal vez dejó de importarle…
Y no sé qué es peor.

Extraño…

Extraño lo que fuimos, extraño nuestras bromas, extraño los apodos, extraño los t-rex’s, extraño las risas, extraño las llamadas, extraño que digas mi nombre al final de cada frase, extraño tu voz, extraño tu cariño,  extraño que te preocupes por mí, extraño que me apoyes, extraño sentir que nada importa porque estamos juntos, extraño tus regaños, extraño poder decirte todo, extraño tus celos, extraño tus historias, extraño cuando me hablabas de quien sea y después decías que no importaba porque sólo era yo, extraño cuando estabas enamorado de mí,  extraño las indirectas, extraño contar cosas buenas de ti, extraño sonreír cada vez que hablo de ti, extraño tus sueños, extraño cuando soñabas conmigo, extraño que me cuentes todo lo que haces, extraño que me hables de lugares como si yo los conociera, extraño que me hables de personas como si supiera todo de ellos, extraño cuando creías que era perfecta para ti, extraño que me lo recuerdes, extraño cuando me hacías sentir mejor, extraño tus palabras de apoyo, extraño decirte que me haces feliz, extraño que me hagas feliz, extraño imaginar mi vida contigo,  extraño contártelo y que agregues tus detalles, extraño nuestras metáforas,  nuestras estrellas, nuestras constelaciones, nuestras historias, nuestras canciones,  los conciertos a los que íbamos a ir, las canciones que íbamos a cantar, las batallas que íbamos a ganar, los obstáculos que íbamos a superar… extraño estar contigo,  extraño sentirme tuya, extraño sentir que eres mío, extraño cuando me acordaba de ti al ver películas y no me dolía, extraño cuando te hablaba de películas o libros y no entendías nada pero aún así ponías atención y hasta comentabas cosas, extraño sonreír todo el día por tu culpa, extraño hacerte feliz, extraño cuando creíamos que nuestros corazones estaban sincronizados, extraño cuando dejé un poquito mis miedos,  extraño confiar en ti, que tú confíes en mi, extraño cuando no importaba si lo decías o no, yo estaba segura de que me querías, extraño molestarte, extraño cuando me pedías que te molestara, extraño cuando me sentía mal y dejabas que me desquitara contigo, y después me decías que siempre ibas a estar conmigo, extraño cuando creías que no importaba si cambiaba o no, tú ibas a quererme de todas formas, extraño tu mirada, extraño tu sonrisa, extraño cuando siempre que me conectaba tenía algún mensaje tuyo. Te extraño.
Sigues aquí pero las cosas parecen ser diferentes. Tal vez sólo soy yo. Tal vez sólo estoy arruinando todo. Y lo siento,  lo siento porque en verdad quiero volver a todo eso. Quiero volver a sentir que podemos contra todo, sólo tú y yo. Mi super héroe favorito.

Escape.

El calor comienza a llegar a mis dedos, anular e índice de mi mano derecha, anunciando que el final está cerca, que esta cosa de unos 10 centímetros de largo está llegando a su fin, pero en realidad significa mucho más que eso: no es el final solamente del último cigarrillo con el que cuento, más bien es la muestra de que todo termina alguna vez nada dura por siempre.
Estoy a punto de llegar al lugar. Ese lugar que en años anteriores y en tiempos completamente diferentes significaba un rato de felicidad, de diversión,  pero que, desde hace un tiempo, sólo ha sido testigo de mis momentos difíciles. Sigue siendo testigo dd la felicidad de muchos otros, por supuesto, pero es mi testigo de los momentos duros: en los que no puedo más y tengo que escapar un momento. Pero hoy, lejos de parecer mi lugar de escape, se siente como una jaula personal, una que he creado yo misma. Me pregunto si en algunos años todos esos niños que ahora utilizan este lugar para jugar lo utilicen de la misma forma que yo ahora.

Al fin llego. El lugar está vacío,  casi desierto, y por un instante siento un gran alivio… pero eso dura demasiado poco. Había sentido ese alivio porque esta vez nadie vería mi momento de debilidad pura, pero en el momento en el que puse el pie en el césped, me di cuenta de lo que en realidad significa: estoy completamente sola. Muchas otras veces, al ver a todas esas parejas enamoradas y a todos esos niños jugando, sentí envidia de toda esa felicidad que evocaban, ¿por qué no podía sentirme como ellos?
Pero hoy las cosas lucen diferentes. El sol brilla, los pájaros cantan, y aún así todo es demasiado frío. Siento el frío llenar cada molécula de mi ser.
Porque estoy sola. Al menos en este preciso momento.
Había querido llamar a alguien. Decirle que estaba mal. Ese tipo de mal en el que realmente necesitas que alguien te escuche, pero,  ¿después qué?

¿Por qué me siento así?

Algunas veces realmente no importa cuánto te esfuerces, simplemente nunca vas a hacer las cosas bien,  nunca vas a hacer lo correcto.

Me doy cuenta de algo más.

No es que esté realmente sola. La verdad es que alejo a todas las personas que me importan, a quienes quiero de verdad. ¿Por qué lo hago? O más importante,  ¿cómo lo hago? Pero la respuesta me golpea demasiado rápido, demasiado fuerte, casi dejándome sin aire, o tal vez solamente dejándome sin ganas de respirar. Nunca he podido mostrar mis sentimientos. Tal vez simplemente es por mi forma de ser, no estoy segura.
Una discusión más es lo que me ha traído a este lugar.
Siempre la misma y siempre con el mismo final. La peor parte de saber que tienes el poder de alejar a cada una de las personas a quienes quieres, es darte cuenta de que has logrado hacer exactamente eso con la única persona que se supone que estará ahí por siempre. Esa persona a la que años antes podías contarle lo que fuera, hasta que un día no pudiste hacerlo. Terminaron esas conversaciones llenas de risas, llantos y algunos consejos. Terminó la confianza como se terminan los cigarrillos: cuando más los necesitas. Esos abrazos que te hacían sentir que cualquier problema en el mundo podía solucionarse de la manera más sencilla se hicieron escasos, y en su lugar llegaron muchas reprimendas. Estás perdiendo todo ese cariño que antes parecía infinito.

Y de una manera u otra, estás sola.

Estoy sola.

Sin darme cuenta,  las nubes han comenzado a hacerse más espesas, grises, y unas cuantas gotas comienzan a caer.  Quizás el cielo sabe cómo me siento.
Las gotas comienzan a caer, más grandes y más fuertes, pero no me muevo.
El frío se hace presente en el exterior.
Cualquier persona se iría a su casa, pero yo no, no hoy. Porque realmente no tengo a dónde ir. Hay veces en los que siento una necesidad increíblemente fuerte de huir. De correr hasta estar a salvo, hasta que a todos esos pensamientos y sentimientos negativos no puedan alcanzarme, pero no tengo a dónde ir.

Porque no importa a dónde vaya, o qué tan lejos llegue. Nunca voy a poder escapar de mí.

Gotas de ti.

Un día de lluvia como cualquier otro. El agua recorre mi cuerpo. El aire frío golpea mi rostro y tu recuerdo me golpea con más fuerza.
Me había prometido no extrañarte,  no mirar hacia atrás, no caer en lo mismo… pero al final del día,  no es la única promesa que he roto. Es triste no poder cumplirlas ni siquiera contigo mismo, pero creo que me estoy acostumbrado. Pero he decidido dejar de luchar.
Me siento en el pasto, dejando que la tormenta me muestre que no soy inmune a ella, ni a ella ni a ti. Pero poco importa ahora.
Porque evitar a la lluvia es incluso más fácil que evitar todo lo que siento… todo lo que me haces sentir.
Una gota me recuerda tu sonrisa, una más me echa en cara que al menos una vez yo la puse en tu rostro.
Otra gota me trae el pasado, y miles más caen sobte mí: todas esas promesas que rompimos.
Al fin y al cabo,  las promesas se hacen para quebrantarse algún día.
El viento me pide que sea como él.  Nada lo detiene y sólo sigue su camino. Sin recuerdos,  sin pasado, y con un futuro incierto, y sopla aún más fuerte al percatarse de que no me muevo ni siquiera un milímetro. Pero no lo entiende,  y nadie puede hacerlo.
A veces sientes algo tan inmenso, tan apasionado,  tan intenso,  que crees que nadie más lo ha sentido antes,  y llega a ti un nuevo dilema: desearías que alguien pueda comprender por lo que estás pasando, que sepa exactamente cómo te sientes, pero la envidia es más fuerte, y amas creer que has descubierto el secreto más grande de la humanidad, y que nadie nunca podrá sentirse de la misma forma que tú.  Deseas con todas tus fuerzas que alguien comparta eso contigo, pero deseas aún más guardarte eso para ti: lo mejor y lo peor que ha podido pasarte en toda tu vida.

A pesar de todo lo que pasa a tu alrededor, conservas calor dentro de ti,  y eso es justo lo que siento. La cuestión es que ha empezado a quemar. Conoces a alguien que te muestra de lo que eres capaz, de todo lo que puedes sentir, y de pronto todo eso que llevas dentro comienza a destruirte. Gota tras gota. Palabra tras palabra. Recuerdo tras recuerdo.
Cierro los ojos y me sumerjo en algo que es más grande que todo. Me sumergo en el pasado y en el presente, y ni siquiera puedo llegar a tocar el futuro. No estoy cayendo ni estoy avanzando, más bien estoy flotando.
Me quedo estática en ese punto que jamás llegas a percibir: el presente. Cuando menos me lo espero, el pasado toma ventaja y comienza a acercarse,  pero sin llegar a tocarme, y ahí está otra vez ese sentimiento, casi podría jurar que una versión pasada de mí ha vuelto a recordarme todas esas cosas que creí haber dejado atrás.  Y comienzo a confiar en el pasado. De pronto parece que puedo confiar sólo en mis recuerdos, u entonces la realidad me golpea: no estoy siendo yo misma. No puedo volver y nunca podré hacerlo.
Y entonces todo cobra sentido, o casi todo. Nunca volveremos a ser lo que fuimos, nunca volveremos a sentirnos igual, lo qie ayer significaba todo en nuestro mundo, hoy simplemente no tiene sentido. Lo que solía ser un sólo mundo (el nuestro) terminó dividiéndose. Cada uno con circunstancias distintas, con caminos separados, con historias diferentes. Las sonrisas, los momentos, las miradas, las palabras, las promesas… todo lo que hicimos siempre va a formar parte de nosotros, y siempre va a permanecer ahí, pero no de la forma que esperamos. Significaron algo, y siempre va a ser así, pero nunca lo mismo que en aquel momento. Es nuestra historia y son nuestras cosas, pero no somos nosotros.
El sol comienza a asomarse entre las nubes, pero no brilla como antes.
De pronto dejo de confiar en los recuerdos, pero me aferro a ellos, por miedo a caer de pronto.
El pasado nunca me alcanza, y nunca podré tocar al futuro.
He decidido dejar de luchar. He decidido empaparme con todo lo que me rodea… empaparme de ti.
Nadar contra la corriente no tiene sentido, así que me sumerjo. Me sumerjo en ti, en tus recuerdos, en la forma que me veías, esa mirada que me dijo todo lo que necesitaba saber, en tu sonrisa, en tus promesas, en nuestros planes, en el futuro que construimos en nuestras mentes.
No quiero olvidarte y no voy a hacerlo jamás. Voy a dejar que fluya, voy a pensarte hasta que ya no duelas más. Cada cosa que hicimos nuestra, permanecerá así: siendo sólo de nosotros, aunque ese nosotros ya no exista.
Cada cosa que me lleve a pensarte, será una gota que caiga del cielo. Así como cada estrella que contenga algo nuestro.
La lluvia para y permanezco ahí. Tirada, dejando que tu imagen me llene de calor.

Aprender a distinguir entre buenos amigos y sólo buenos momentos.

Con esto de entrar a la universidad, me he puesto a reflexionar muchísimo sobre la amistad, y no he llegado a alguna conclusión en concreto, pero tengo un par de puntos que me gustaría compartir.

La amistad no se mide por el tiempo que las personas llevan de conocerse. La amistad se mide por todos esos momentos que pasan juntos.

Un mejor amigo es aquel con el que puedes hablar de absolutamente cualquier cosa, con la certeza de que será sincero contigo, y que no importa qué tan incómodo o extraño sea, te va a contestar todo lo que debas preguntarle. Es aquella persona con la que puedes hablar dos minutos y ya te hizo sonreír mil veces.

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A veces las amistades son como los matrimonios, y un mejor amigo es aquel que está contigo en los mejores y lo peores momentos, sin importar qué tan difícil sea (en la salud y en la enfermedad y todo eso). Aquella persona con quien puedes llorar o reír.

Mejores amigos son aquellos que te conocen como a la palma de su mano. Saben cuando estás bien y cuando no lo estas, sin importar nada de lo que digas, porque te conocen tan bien que a veces ni siquiera es necesario que digas algo, con tus expresiones es más que suficiente.

Un mejor amigo escucha todo lo que tienes que decir, te apoya o te regaña cuando lo necesitas. Te hace entrar en razón. Se enoja por tus tonterías. Pero al final de todo, te entiende.

A lo largo de mi vida he tenido muchos “amigos” que al final de todo no lo eran, pero se trata de darte cuenta con quien en verdad vale la pena quedarte.

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Todas las personas tienen sus diferencias, y peleas tontas, pero puedes darte cuenta de que es amistad de verdad cuando deciden dejar su orgullo de lado y arreglar cualquier diferencia.

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Es muy difícil encontrar verdaderas amistades hoy en día. Y no sé si la amistad es para siempre. Pero por ahora, tengo claro quienes son realmente mis amigos. Y sólo puedo decirles que espero que ustedes puedan ser para siempre. Una amistad se puede acabar. No por eso va a haber sido una falsa amistad. Quiero decir, la gente cambia. Toma decisiones. Pero me gustaría saber que algo puede durar.

Estaría un poquito de más mencionarlos, y sería un poco grosero. Pero ustedes saben quienes son. Y quiero decirles que los amo mucho, y que siempre estaré para ustedes, sin importar nada. Y sé que saben que soy muy orgullosa, y sentida… y rencorosa, pero no los quiero perder, y puedo dejar todo eso de lado… por ustedes.

La verdadera amistad no se trata de quién vino primero o de quién te conoce más tiempo; Se trata de quién llegó y nunca se fue.

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Mejores amigos. Mejores amigos por siempre.

Sé que tarde o temprano leerás esto.
Sé que el título está mal; que los amigos vienen y van, y hay que buscarle un nuevo nombre a esta locura que comenzó hace unos meses, porque es irrompible, eterna, perenne.
Sé que siempre serás para mí un hombro en el que llorar, y también mi motivo de risa.
Sé que el peor de los días se convertirá en nada si te abrazo.
Sé que no se encuentra gente como tú a menudo y que tengo una suerte increíble.
Sé qué piensas, cómo eres.
Sé lo importante que eres para mí, y de ahí que me asuste que algún día te marches.
Sé que confías en mí y que harías cualquier cosa para ayudarme.
Sé lo que dicen tus ojos cuando me observan en la lejanía.
Sé que, a pesar de las noche lúgubres que podamos provocarnos, siempre merecerá la pena.
Sé que, ahora mismo, estás sonriendo.

Sabes que te quiero.
Gracias por entrar en mi vida.

Me encanta verl…

Me encanta verle y reír o sonreír sin razón aparente (cuando la razón es que no puedo creer que estemos ahí, lo feliz que estoy, la suerte de estar a su lado) y siempre se molesta y pregunta “¿de qué tanto te ríes?” temiendo que me esté bofando de algo que ha hecho, y yo realmente espero nunca dejar de hacerlo, sonreír al verle y reír de mi puta suerte.

Erika Boté, Puta suerte.